MISTERIO EN EL MUSEO ARQUEOLÓGICO

MISTERIO EN EL MUSEO ARQUEOLÓGICO

LA ABWEHR, EL SIM, LA OSS, Y LAS EXTRAÑAS VISITAS AL MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL… DE MADRID

Otro de los enigmas nazis

El almirante Canaris de simple oficia! de marina, al servicio de la Alemania Imperial en 1914, llegaría, en tiempos de Hitler a jefe supremo  del Abwehr , el departamento de los servicios secretos de la  Alemania nazi. Mejor dicho, uno de los servicios secretos, ya que había más departamentos con esa función.

Canaris
Amigo personal del entonces Jefe del Estado español Francisco Franco, mantenía con éste estrecho contacto y, durante la segunda guerra mundial, varias veces visitó España y conversó a solas con él. Solía viajar en automóvil, con ayudantes de plena confianza, y se cuenta que cuando al paso por la meseta castellana acertaban a cruzarse con algún rebaño de ovejas el almirante ordenaba irónicamente a sus acompañantes:
       -Levanten la mano, señores; nunca se sabe dónde puede ocultarse alguna autoridad superior.
       Esto último es una simple anécdota que intenta mostrar la actitud crítica de Canaris, cosa, históricamente comprobada ¿O no? Y es que, igual que en casi todos los personajes dedicados al espionaje, sombras de incertidumbre le rodean.
      Muchas de las familias de personas que ocuparon cargos en el anterior régimen español forman todavía un núcleo compuesto de nostalgias y recuerdos. Durante años, en esos círculos, se han contado muchas historias, la mayor parte tenían una base muy real.
          Vamos a tratar sobre dos sucesos que se comentaban entre algún círculo próximo al entonces gobierno.
       -Rumor primero: E! almirante Canaris aprovechaba las  visitas a España para entrevistarse con agentes enviados por los  americanos.
       -Rumor segundo: Realizó de incógnito visitas al Museo Arqueológico Nacional donde se interesó por piezas egipcias y del cercano oriente.

Aspecto del Museo Arqueológico en los años 30
Sobre el primer rumor diré que los contactos entre sectores del tercer Reich y los servicios de inteligencia americanos fueron constantes ya antes, incluso, de comenzar la guerra. ¿He dicho americanos? Sí, americanos, no aliados, ni ingleses. Estos también los tuvieron pero, realmente, sin “poder decisorio”, hablando con claridad, era el OSS americano quien llevaba la voz cantante. Como se dice vulgarmente: “quien cortaba el bacalao”.
       No es por tanto extraño que Canaris se reuniera con enviados norteamericanos en España, concretamente en Madrid, y quizá bajo los auspicios del General Franco que, posteriormente, fue tratado de forma “benigna” por los vencedores de la guerra. Hasta aquí no tendríamos casi nada en relación con el tema de este artículo, solamente reafirmar ese contacto (yo le llamaría conspiración) que culminaría en los futuros y aparentemente extrañísimos y antinaturales enlaces entre las OSS, más tarde la CÍA, y agentes israelíes, por un lado, y de otro grupos de exiliados nazis en Egipto, que organizan los primeros grupos de lo que más tarde será llamado “terrorismo islámico”: Los “Hermanos musulmanes” y otros integristas en general. Proceso que culminará con la captación y entrenamiento por la CÍA de Osama Ben Laden (o Bin Laden, como escriben los americanos), casualmente de familia amiga, y socia en numerosos negocios, de una al parecer patriótica familia americana apellidada Bush.
          La inteligencia militar española hizo de anfitrión de Canaris en sus visitas a España, según parece ni la embajada de Alemania, ni el Ministerio Español de Asuntos Exteriores, tuvieron protagonismo en ello. Miembros del SIM le acompañaron ya en su primera visita al museo Arqueológico.
          Las obras del que aún ahora es el Museo Arqueológico Nacional   empezaron en 1933 y quedaron terminadas, también con las consiguientes instalaciones de piezas, en julio de 1936. El inicio de la Guerra Civil el 18 de ese mismo mes hizo imposible su inauguración. Al terminar la contienda, abril de 1939, estaba el museo en un estado pura y llanamente de almacén.

Entrada del Museo Arqueológico de Madrid. Su entonces denominada “Sala de antiguedades egipcias” y los objetos almacenados que correspondías a la misma, interesó muy especialmente al almirante Wilhelm Canaris. Alguna de las piezas que albergaba, entre ellas muchas de las que interesaban al parecer a Canaris y que pudieron ser traídas al museo por la fragata “Arapiles” en su inusual viaje por Oriente, desaparecieron sin dejar el menor rastro.
Canaris fue recibido en su primera visita por José María de Navascués, conservador y posteriormente director del museo, el cual quedó francamente extrañado por las pretensiones del visitante. Parece ser que un ayudante de Canaris venía provisto de un mapa, o plano, y una libreta encuadernada en piel en la que estaban apuntadas las referencias o características de una serie de objetos del cercano oriente y… egipcios. En concreto se interesaba por algunas de las piezas traídas en el siglo XIX por la fragata “Arapiles”.

Juan de Dios de la Rada y Delgado
Efectivamente en los archivos del museo figura que en 1871: Ingresan los objetos adquiridos por donación o compra en el curso del viaje a Oriente de una Comisión, presidida por Juan de Dios de la Rada y Delgado, a bordo de la fragata “Arapiles”. La Comisión visitó yacimientos en Siracusa, Atenas, Troya, Constantinopla, Mitilene, Samos, Rodas. Chipre, Damasco, Baalbek. Cesárea, Jerusalén, Belén, Alejandría y Malta. Viaje por cierto auspiciado por un grupo de políticos influyentes que tenían un denominador común, pertenecer a una logia masónica.

El 10 de junio de 1871, el Ministerio de Marina español ordenaba a instancias de un grupo de políticos (relacionados con una logia masónica) que la fragata blindada Arapiles llevara a cabo un viaje un tanto extraño por el Mediterráneo oriental, llevando a bordo al arqueólogo don Juan de Dios de Rada y Delgado con la misión de internarse en el continente para recoger datos y materiales con destino a las colecciones del Museo Arqueológico Nacional. Los 319 objetos traídos, al menos esos eran los catalogados, se integrarían en los fondos del Museo Arqueológico Nacional del que Rada llegaría a ser director entre 1891 y 1900. Alguno de esos objetos son los “desaparecidos” durante las visitas de Canaris.
También se interesa Canaris por piezas egipcias de la colección Asensi, en concreto un vaso canope con inscripciones y una caja de madera de acacia (la misma madera que, asegura la Biblia, se había usado para construir el Arca de la Alianza). Consultando sobre la real existencia de estas piezas encontramos que en los registros actuales se referencia: “Año de 1876, ingreso de la colección, de D. Tomas de Asensi, con el Catálogo y fichas de su Gabinete de Antigüedades”.
Sin embargo, ni figuran, ni parecen estar en el museo, las piezas por las que se interesó Canaris en su día. Según una persona amiga  de la familia Navascués en aquellas fechas :”…algo de aquello, sí apareció”. En todo caso la relación de entrada del 1871 es imprecisa, y en los inventarios tras la guerra civil aparece con frecuencia !a palabra “desaparecida” con referencias a piezas expoliadas, otras (en los borradores originales) simplemente están tachadas o llevan anotaciones al margen indicando el almacén donde deberían estar. No podemos afirmarlo, pero es posible que, si esas piezas existían, el almirante alemán bien pudo llevarlas. Ignoramos si en concepto de préstamo o de regalo.

Sala egipcia actual
       Pero hay algo que posiblemente nos pueda dar algo de luz a este asunto. En una de las visitas (al parecer fueron dos) trajeron a un fotógrafo que instaló un pequeño estudio en una de las salas-almacén. Parece que el hombre se quejó de la falta de espacio, aún así durante varias horas se fotografiaron diversas piezas ¿Eran las anteriormente citadas?
       De todas las maneras esto esconde la verdadera pregunta que nos hacemos muchas veces ¿Por qué los nazis buscaban objetos egipcios?
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