Los Ataúdes De Barbados

Los Ataúdes De Barbados


El caso de “los ataúdes deslizantes”, también conocido como “Los ataúdes malditos”, es uno de los casos de misterio al que no se ha conseguido dar una explicación lógica, y sobre el que han corrido y siguen corriendo ríos de tinta.

El fenómeno se ha dado en varias y distintas partes del mundo (Stanton y Suffolk, en Inglaterra, y Arensburg, en el Mar Báltico), pero el que mayor sensación ha causado y que más repercusión ha tenido ha sido el que se produjo en la isla de Barbados, en las Antillas Menores, entre el mar del Caribe y el océano Atlántico, en el cementerio de Christ Church, en la costa sur de la isla, junto a la Bahía de Oistins.

En este pequeño cementerio, los ataúdes de un determinado panteón perteneciente a una familia de la localidad, aparecieron en varias ocasiones cambiados de lugar, movidos e incluso levantados de su sitio.
A pesar de que se le ha intentado dar numerosas explicaciones, el motivo, como se ha anotado, sigue siendo un misterio.

El panteón en cuestión fue construido en 1742 a petición de la familia Walrond, propietaria de una importante plantación de azúcar de la isla. Según sus deseos fue construido en una superficie de cuatro por dos metros, con grandes bloques de coral unidos con cemento y como bóveda una losa de mármol, sin embargo, antes de que fuera ocupado, la familia decide venderlo a otra familia, los Elliot, a fin de que fueran enterrados en él los restos mortales del coronel Thomas Elliot, enterramiento que no llegó a realizarse al ser éstos arrojados al mar en última instancia, según deseos del finado.

El panteón sigue vacío hasta el 31 de julio de 1807, en que se da sepultura a un pariente lejano de la familia, Thomasina Goddard. Después de su enterramiento es vendido a la familia Chalse, muy importante en la isla, de miembros con antecedentes criminales, y un patriarca, el coronel Thomas, sumamente violento, de extrema crueldad con sus esclavos y adicto a todo tipo de vicios.

El 22 de Febrero de 1808 son llevados al panteón los restos la hija menor de Thomas, Anna Marie Chase. La muerte en extrañas circunstancias de la pequeña fue a todas luces producida por su agresivo padre en un ataque de furia. Fue enterrada en un ataúd revestido de plomo.

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El 6 de Julio de 1812 de abre de nuevo el panteón para dar sepultura la Dorcas Chase, la hija mayor del coronel, incitada al suicidio por su propio padre.
La sorpresa se produjo al introducir el ataúd de Chase en el panteón. Entre tenues luces de quinqués que portaban los esclavos, intentando traspasar la densa atmósfera del interior, todos los presentes vieron como el ataúd de Marie Anne había sido movido hacia el rincón opuesto que ocupaba, y el de la señora Goddard embestido contra una pared.
Dado que ambos féretros estaban revestidos con plomo, nadie se explicaba cómo había podido producirse tal accidente.
La confusión y el caos que se produjo, hizo que se acelerara el enterramiento y se volvieran a colocar en su lugar de origen, sellando pulcramente la losa de mármol de la cripta.
Enfurecido, Chase culpó de la profanación a los esclavos, quienes lo negaron rotundamente, dado el alto grado de superstición que en ellos se daba, sobre todo en estos lugares.

Menos de un mes después el violento coronel Chase fallecía, y el 9 de agosto de 182 una comitiva con sus restos fúnebres se dirige de nuevo hacia el panteón, ya definido por algunos como maldito, para darle enterramiento.
Sin embargo cuando se procedió a abrir la cripta se comprobó que todo estaba en el lugar en que había sido dejado un me antes, por lo que muchas bocas se cerraron y se pensó que tal vez lo ocurrido anteriormente había sido fruto de algún seísmo producido en el lugar.

En Oistins todo volvió a la normalidad… hasta cuatro años más tarde.
El 25 de Septiembre de 1816 la tumba se abre de nuevo para acoger los restos de otro de los hijos de Chase, el pequeño Samuel Ames Brewster.
La sorpresa fue mayúscula cuando de nuevo volvieron a aparecer los ataúdes desordenados, sin que la losa que cubría la cripta mostrara indicios de haber sido manipulada.
Nuevamente las sospechas cayeron sobre los desdichados esclavos, que volvieron a proclamar su inocencia culpando de ello a los espíritus, pues según decían y con razón, no existía sospecha alguna de que la losa hubiera sido manipulada, contando además la cripta con una sola entrada.
Se vuelve a colocar todo en su posición original y de nuevo se sella la entrada.

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La familia Chase decide que el féretro de un familiar que reposaba en el cementerio de St. Philips, fuera trasladado al panteón de la familia, por lo que El 17 de noviembre del mismo año se procede a realizarse el traslado.
No es de extrañar que ante tal acto se congregaran en el cementerio una gran cantidad de personas intrigadas por ver si el fenómeno se había producido de nuevo. Y efectivamente así fue. El ataúd de la señora Goddard se encontraba roto y desplazado hacia la pared opuesta de su emplazamiento. Todos los demás habían sido movidos y cambiados de lugar, encontrándose desordenados por el suelo.
Se ordenó inspeccionar minuciosamente la cripta no encontrándose indicio alguno de que hubiera sido profanado, con las paredes y techo en perfecto estado. Allí no había entrado nadie.

La noticia corrió como la pólvora entre la población y los alrededores, creando un notorio interés. Así, cuando el 17 de julio de 1819 se iba a proceder al enterramiento de Thomasina Clarke, centenares de personas se congregaron ante la cripta, incluido el gobernador de Barbados.
Una vez abierta la losa de mármol por los albañiles y esclavos, apareció ante los atónitos ojos de los espectadores el interior hecho un verdadero caos. Los ataúdes se encontraban desparramados por el suelo, algunos hacia abajo y otros apoyados contra la pared. Hay que hacer constar que cada uno de ellos podía llegar a pesar 200 kilos, siendo necesaria la fuerza de varios hombres para cargarlos.
La consternación fue tal que el mismo Gobernador se hizo cargo de una inmediata investigación. Sus hombres buscaron pasadizos secretos, grietas o pistas que pudieran esclarecer los hechos, pero el resultado fue negativo.
Se colocaron nuevamente los féretros en sus lugares y se cubrió el suelo con arena fina con objeto de obtener huellas de un posible visitante. Se selló la losa de entrada y se esperaron unos meses para volver a abrirla y comprobar si los fenómenos habían vuelto a producirse.

El 18 de abril de 1820 Gobernador y autoridades procedieron a comprobar que todo estuviera en orden. Efectivamente los sellos estaban intactos y la losa de entrada tal y como la habían dejado meses antes. Todo estaba bien fuera. Pero no dentro.
Cuando intentaron retirar la losa un extraño chirrido retumbó en el ambiente. Uno de los grandes ataúdes revestidos de plomo se encontraba apoyado contra ella. El féretro de Mary Anna había sido arrojado al fondo de la cripta con tanta violencia que incluso había dañado la pared de coral. Los demás ataúdes estaban difuminados por el suelo. Sin embargo en el suelo no había ni una sola huella. Ningún ser humano había penetrado en la cripta. Tampoco había señales de inundación. Todas las trampas que ordenó poner el gobernador estaban intactas, quedando evidente que ni los esclavos negros, ni algún bromista había podido realizar el macabro acto.

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Se empezó entonces a especular con los siniestros espíritus de los esclavos y sus influencias con el más allá, o de fuerzas sobrenaturales o paranormales que se escapaban a la comprensión humana. Uno de los partidarios de ésta última opción fue el escritor sir Arthur Conan Doyle, que pensaba que los ataúdes se movían a causa de extrañas energías o fuerzas sobrenaturales que supuestamente poseen los cuerpos de los que mueren prematuramente, como el de la joven Mery Anne o Dorcas, y el niño Samuel Brewster.
Otra hipótesis es la que da George Hunter, autor de “Barbados”, que opina que el fenómeno pudo deberse al gas que expulsan los cuerpos en descomposición.
Se barajó también la posibilidad de las inundaciones y que los féretros hubieran podido flotar, sin embargo el panteón no solo era estanco, sino que además se encontraba en una zona elevada del terreno. Tampoco había corrientes subterráneas.
Igualmente se intentó dar una explicación con los temblores de tierra. La isla de Barbados está situada sobre un cinturón sísmico, y cercana a un volcán, lo cual hubiera provocado los deslizamientos, pero ¿solamente en el panteón de la familia Chase?
Todas las hipótesis se caían por su propio peso.

Tras este último acontecimiento, los ataúdes fueron trasladados a otro lugar del cementerio y se procedió a dejar el panteón totalmente vacío.

Los fenómenos nunca más volvieron a producirse.

Fuente de Datos:
*“Crónicas del Misterio” – Lorenzo Fernández Bueno – Editorial Edaf.

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