La Casa De Las Sirenas De Sevilla

La Casa De Las Sirenas De Sevilla


La Casa de Las Sirenas – Fotografía de Pedro J. Saavedra

Tengo que reconocer que el caso de La Casa de las Sirenas me atrapó desde que tuve noticias de él hace ya algún tiempo, pero los datos, desde que yo tuve conocimiento del mismo, prácticamente no han recopilado más información. La única que existe hasta el momento, (al menos yo no he encontrado nada nuevo), es el proyecto de investigación por parte de Angel Rivero López y que publica en su página web Lo Oculto.

La Casa de Las Sirenas, no ya como misterio sino como edificio o monumento, atrajo mi atención ya desde mi niñez, tal vez por ser uno de los más conocidos de mi ciudad, o tal vez por el aura de misterio de la que siempre estuvo acompañada, sobre todo antes de su restauración, cuando era un pobre y mísero edificio derruido.
Durante un tiempo estuve buscando, a través de hemerotecas de periódicos y de documentos de historia, datos sobre la misma, y desde luego, de La Casa de Las Sirenas tiene tras de sí una larga y profunda historia.

Barón Haussmann

Según una primitiva leyenda, la mansión habría sido ordenada edificar por la princesa Ratazzi, María Letizia Wyse Bonaparte, descendiente de Napoleón, al Barón Haussmann prefecto del Departamento del Sena que en su día recibió el encargo Napoleón III de llevar a cabo un programa de reformas en París, construyendo lujosas mansiones, y creando un nuevo tipo de arquitectura afrancesada que se extendió por otros países, tanto europeos como latinoamericanos, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

Maria Letizia Wyse Bonaparte
Tal vez la princesa quiso refugiarse en Sevilla una casa semejante al palacio que la cobijó en París y esperar tristemente la muerte viendo pasar tras las vidrieras, berlinas y landós, sombreros, miriñaques y encajes, por los majestuosos paseos que entonces se derrochaban por la Alameda, siendo muy probable que sus lloros y lamentos quedaran apresados entre la nobleza de tan sofisticado edificio.

Sin embargo paralela a esta historia camina otra que cuenta con más fidelidad y credibilidad debido a los documentos y datos que aún se conservan, y que comienza allá por el año 1853.

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En aquellos años, la Alameda de Hércules de Sevilla era uno de los lugares más emblemáticos de la capital, lugar de ocio y paseo y donde residía y de daba cita la flor y la nata de la sociedad.
Es por esto que Don Lázaro Fernández de Angulo, Marqués de Esquivel y poderoso terrateniente, poseedor de una de las veinte fortunas más poderosas de la Sevilla de la época, decide construirse una casa-palacio de tipo afrancesado en el citado lugar, entre la Alameda de Hércules y la calle de la Inquisición vieja, solicitando para ellos los servicios del ilustre arquitecto Joaquín Fernández Ayarragaray.
El edificio comenzó a edificarse en 1861, terminándose su construcción en 1864 y se lo bautizó con el nombre de “El Recreo de la Alameda”.

“El Recreo de la Alameda o Casa de Las Sirenas”
Estaba edificado sobre un terreno de mil ochocientos metros cuadrados, de los cuales mil doscientos se destinaron una edificación con techumbre de pizarra de dos plantas más un ático. Contaba con patio central y sendos jardines francesesados, aislados del exterior por un muro culminado por motivos románticos y una rampa que daba acceso al interior, y que soportaban las esfinges de dos sirenas de bronce, y otras menores en la cima de las jambas de esta portada,
que dieron origen al nombre popular con el que ya sería conocido: “La Casa de las Sirenas”.
El conjunto se complementaba con dos edificios anexos que servían a su vez de tapia.
El uso de los mismos era seguramente de caballerizas o apeadero.

Sin embargo el Marqués de Esquivel no vivió en ella más de seis años y procedió a su venta,
pasando por ella diversos dueños, llegando a vivir durante muchos años en ella la familia de la Portilla, una de las más renombradas de entonces.

                                                  

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Poco a poco la Alameda fue perdiendo el poderío que otrora poseyera, degenerando en la decadencia. Desconozco el motivo por el que la familia Portilla abandonó la mansión allá por los años cincuenta del siglo XX, pero lo que sí se sabe es que La Casa de las Sirenas, al igual que la Alameda, fue decayendo poco a poco, convirtiéndose en casa de citas en la España de la posguerra.

De una manera o de otra, los últimos moradores, tal vez debido a la época de escasez y miseria, tal vez por dejadez, la fueron dejando morir en su abandono, siento total su decadencia posterior a 1980, fecha en la que dejó de estar habitada.

Ya por sobre los años cincuenta, corrían rumores de misterio sobre La Casa de las Sirenas.
Los vecinos colindantes, se hacían confidencias a media voz de ruidos extraños provenientes de la casa, y la chiquillería jugaba a convertirse en valientes e intrépidos capitanes para reptar por sus muros casi derruidos y adentrarse en su lúgubre interior, cubierto de polvo y telarañas, con alguna que otra lámpara modelo Versalles que daba fe de lo que en otro tiempo había sido.

Aún a pesar de tales actos de valentía, siempre salían precipitadamente de la misma, con la cara pálida como la cera, los ojos desmesuradamente abiertos, y sobre todo, presas del miedo y del pánico. Entre ellos se contaban lo que habían visto, lo que habían oído, lo que habían percibido: Etéreas figuras que pululaban por la estancia, golpes provenientes de ningún sitio, sonido de pasos inesistentes e incluso murmullos que se alejaban en el aire.

Las murmuraciones contaban, que debajo de la casa pasaban túneles, y que además en la casa habitaba un fantasma, puede que proveniente de los mismos, o del mismo núcleo de la familia de la Portilla.

La historia provenía de cuando esta familia habitaba en ella. Según decían, uno de sus descendientes podría haber estado confinado dentro de la vivienda hasta el día en que murió. Este descendiente, acomplejado y traumatizado desde su infancia por su condición homosexual, habría optado por llevar una vida de reclusión dentro de su propia casa, autocastigándose por ello. Pero existían otra versión similar aunque con una notable diferencia: el enclaustramiento no había sido voluntario, sino obligado por sus propios familiares, temeroso de que lo que entonces se consideraba una vergüenza saliera a la luz pública, siendo muchos los que afirmaban que además lo mantenían atado para que no se escapase.

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Tal vez su muerte fuera natural, tal vez provocada, pero todos entonces aseguraban que el supuesto fantasma que habitaba en las ruinas de la casa era el suyo.

Ya fuera cierto o puro juego de la fantasía, La Casa de las Sirenas siguió manteniendo un cierto aura de misterio hasta el final de sus existencia, cuando ya totalmente derrumbada por falta de asistencia, fue demolida a principios de los años noventa de la pasada centuria y reconstruida nuevamente, fiel réplica del original, majestuosa y altanera, para convertirse en el Centro Cívico Las Sirenas, lugar cultural que ha vuelto a hacer resurgir la sufrida Alameda de Hércules.

La Casa de Las Sirenas ya convertida en Centro Cívico
Pero han vuelto a circular los rumores de que el personal de seguridad del edificio percibía fuerzas extrañas, e incluso alguien aseguró haber visto una figura etérea en las caballerizas.

Tal vez, ahora que están tan en voga las leyendas sobre fantasmas y fenómenos paranormales, estos rumores que resurgen de nuevo sean fruto del deseo popular de devolver de nuevo a La Casa de las Sirenas, el mismo misterio que se le otorgó en otro tiempo, lo mismo que se la ha devuelto la majestuosidad de entonces.

Como quiera que sea, el personal del Centro Cívico guarda silencio y no se pronuncia sobre el tema. No se sabe si porque todo sea una mera leyenda urbana, o porque se vean “obligados” a mantener la boca cerrada.

Fuentes:
*Hemeroteca ABC
*Clamor Popular

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