¿Fueron Las Ritas, las últimas Brujas Gallegas?

¿Fueron Las Ritas, las últimas Brujas Gallegas?

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AS MEIGAS DO MATO
Muchos veían su obsesión por las cruces como parte de un algún tipo de hechizo. Se dedicaban a recoger chatarra para tapiar su hogar. Capós de coches, el anuncio de un coto de caza, una marquesina entera…cualquier cosa servía para aislar puertas y ventanas. No soportaban ni un rayo de luz que las conectara con el exterior. Sencillamente parecía que habían renunciado al mundo y se dedicaron a vivir la una para la otra. Aurora, la mayor, se quedó ciega y su hermana la guiaba por la oscuridad de su casa.
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Las cruces no fueron su única rareza en los últimos años, poco a poco fueron llenando su finca con cabezas de muñecos sujetos a palos. Los recogían en la basura de los pueblos a los que iban a mendigar. No se sabe muy bien el porqué de este proceder, pero la imagen de conjunto resultaba aterradora para todos aquellos que la vieron.
Por aquel entonces, la leyenda de las brujas de O Mato comenzó a extenderse por toda la provincia de Ourense. De muchos pueblos se acercaban personas a comprobar si lo que habían escuchado era verdad. Iban movidos por una mezcla de curiosidad y morbo. As Ritas se convirtieron en una especie de espectáculo gratuito. Muchos se dedicaban a hacer profesiones de velas frente a su casa, ritos con animales o a gritarles insultos desde la calle. Las dos hermanas comenzaron a ponerse cada vez más nerviosas y reaccionaban con agresividad ente las provocaciones. Así amenazaban con rociar de aceite hirviendo a todo aquel que se acercara a su propiedad. “Yo no creo que fueran agresivas, nunca se metieron con nadie, pero tampoco iban a quedarse ahí paradas después de lo que hacían con ellas. Desde que la gente empezó a increparlas, Nieves iba siempre acompañada por un cuchillo. Tenía miedo de que algo pudiera ocurrirle a ella y a su hermana”, explica Benigno Álvarez, alcalde de una localidad próxima
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El padre de estas dos mujeres, Andrés, nació en Dacón, una pequeña aldea de la provincia de Ourense. Siendo joven conoció a Rita que vivía en un pueblo cercano llamado O Mato. Después de varios meses de noviazgo se casaron y tuvieron dos niñas, Aurora y Nieves. Andrés murió joven y Aurora se encargó sola de la educación de sus hijas. Al principio las cosas transcurrían de un modo normal, las niñas no iban al colegio pero en aquellos tiempos no era algo demasiado extraño ya que eran muchos los chicos que cambiaban los libros por el cuidado de los animales. Nunca aprendieron a leer ni a escribir y la ignorancia las hizo desconfiadas. Ramón Iglesias, un vecino de O Mato recuerda que “tenían una buena herencia, muchas tierras pero nunca pudieron disfrutar de ellas porque se negaban a firmar nada, creían que intentaban engallarlas, no confiaban en nadie”. De hecho, podría decirse que nunca vivieron ya que su existencia no consta en ningún registro. No podemos averiguar sus apellidos porque jamás tuvieron D.N.I., ni tarjeta de la Seguridad Social, ni nada que las vinculara al mundo real. Sus nombres eran ajenos para la mayoría de sus vecinos, desde muy jóvenes fueron conocidas por el apodo de As Ritas, en mención a su madre.
Cuando Nieves y Aurora crecieron y se convirtieron en chicas las diferencias comenzaron a agudizarse. Lo que deniñas eran pequeñas rarezas que las aislaban de los juegos de sus compañeros, de jovencitas pasaron a ser distancias insalvables que les impedían relacionarse. Pese a ello, Aurora, la mayor de las dos, era una mujer muy guapa y los chicos se fijaban constantemente en ella. Y, aunque a su madre no le hacía nada de gracia verla con personas ajenas a ella y su hermana, Aurora conoció a un joven de un pueblo cercano y se casó con él.
Por primera vez, Aurora dejaba su casa, a su hermana y a su madre para comenzar una nueva vida con su esposo. Nieves se sentía muy sola sin la que había sido durante tantos años su compañera y comenzó a ensimismarse más si cabe. Ella y su madre pasaban semanas enteras sin salir a la calle y fue entonces cuando comenzaron a practicar extraños ritos con velas e hiervas. El matrimonio de Aurora duró apenas unos meses y la mujer volvió a la casa donde había vivido siempre. María González, una vecina que conoció As Ritas de jóvenes, dice: “Lo que se comentaba en el pueblo es que el matrimonio se rompió porque Aurora se negaba a dormir con su esposo. Además, se cansó de ella porque no compartían las mismas creencias. Yo no digo que fueran meigas pero lo que está claro es que hacían cosa muy raras y eso a su marido no le gustaba”. Tras la ruptura, Aurora volvió a casa y las tres mujeres comenzaron a tener una existencia prácticamente fantasma. Sólo salían por la noche, incluso, para llevar a pastar a sus ovejas esperaban al final de la tarde. En los alrededores de la casa podían escucharse sonidos extraños y los vecinos comenzaron ya a hablar abiertamente de brujería.
Durante añosno se supo nada de ellas. Algunos llegaron a pensar que habían muerto. Aunque de vez en cuando llegaban noticias de que se las había visto pidiendo en algunos pueblos ourensanos. Siempre lejos de casa, jamás pidieron a sus vecinos. Por aquel entonces las leyendas a cerca de ellas estaban ya a la orden del día. No hubo niño en los alrededores que no creciese atemorizado por “la casa bruja”.
El 14 de noviembre de 1996 un incendio, posiblemente provocado por ellas mismas, destrozó la ya maltrecha casa de As Ritas. Fue en ese instante cuando empezó el verdadero infierno para esas dos mujeres octogenarias. En un primer momento, no rechazaron la ayuda de sus vecinos para apagar el fuego. La gente se agolpó en la casa y las dos hermanas parecían muy agradecidas. Sin embargo, en los días siguientes fueron regresando a su hermetismo. Sólo aceptaban ya la presencia de Rosita, la tendera. Curiosamente esta mujer, Rosa Bértolo, había conocido a las hermanas sólo un par de semanas antes. “He nacido en A Touza, que está a un kilómetro de O Mato, y desde que era niña había oído hablar de As Ritas pero nunca las había visto en persona. Un día estaba en mi tienda y entró una anciana muy sucia y me pidió algunas cosas sin demasiado sentido. Yo no tenía ni idea de quien era. Una vecina que estaba también comprando me dijo que era Nieves, una de As Ritas. Hacía muy mal tiempo así que me ofrecí para llevarla a casa y ella aceptó. Nunca olvidaré la sensación que tuve al entrar por primera vez en aquel sitio. Jamás había visto tanta suciedad junta. Aquello era infrahumano”, explica la tendera.
Rosa Bértolo es una mujer generosa. Al enterarse del incendio fue de inmediato a la casa de las dos hermanas para alimentarlas. Durante varios días acudía para llevarles la comida y la cena. Aurora y Nieves confesaron a Rosita que tiempo atrás Dios ya les había avisado de que su casa iba a ser destruida por las llamas. El mismo Dios volvió a ordenarles tras el fuego que dejasen la casa tal como estaba. Por eso se atrincheraron dentro de la cuadra, en un habitáculo de apenas dos metros cuadrados. Para llegar hasta ellas, Rosita debía bajar por un estrecho hueco lleno de suciedad.
Los días iban pasando pero el resultado era el mismo, ni la guardia civil, ni los vecinos, nadie conseguía convencerlas para que abandonasen su casa. Ni siquiera Rositapudo lograrlo. La situación era tan curiosa que los medios de comunicación comenzaron a hacerse eco de ella. Televisiones y periódicos de todo el país acudieron a esta pequeña localidad ourensana para conocer la historia de las dos hermanas. “Con la presencia de los medios de comunicación empezaron a ponerse nerviosas. Ya no querían que entrara, me insultaban e, incluso, un día que conseguí llegar hasta ellas me estaban esperando con un cuchillo. Fue la primera vez que les tuve miedo de verdad y no fue por la brujería”, concluye Rosita.
A partir de entonces se negaron a razonar y no quedó otro remedio, hubo que sacarlas por la fuerza. Fueron trasladas al hospital de Ourense y allí permanecieron varias semanas en las que fueron atendidas de muy diversas dolencias propias de su avanzada edad y del estado de abandono en el que siempre habían vivido. Finalmente,a Aurora y a Nieves las llevaron a su nuevo hogar, el asilo de caridad de O Carballiño, la villa más cercana a su aldea. Allí vivieron hasta que murieron, casi a la vez, en 1999. Las monjas con las que convivieron dicen que, pese a todos los cuidados, las dos hermanas nunca fueron felices en el asilo.Poco antes de morir las dos reconocían:”No recordamos si fuimos felices. Además, no vivimos como queremos sino como podemos”.
Hace ya más de tres décadas que Rita murió. Durante muchos días sus hijas convivieron con su cadáver sin decir a nadie que su madre había perecido. Los vecinos comenzaron a notar un olor muy desagradable y dieron parte a la policía. Se presentaron en la casa de Aurora y Nieves y allí las encontraron sentadas en torno al cuerpo sin vida de Rita. Hoy en día el proceder de las dos hermanas hubiese supuesto un delito pero los tiempos eran muy distintos. Rita fue enterrada en el cementerio parroquial como una más. Aunque, para los vecinos el asunto no está tan claro. “Lo que se comentó en aquel entonces es que en realidad la caja estaba llena de ollas y trastos viejos y que la anciana fue enterrada en su finca por sus propias hijas. Yo no sé si creérmelo de todo pero con estas cosas nunca se sabe, siempre te quedan dudas”, comenta María González.
Una vez muerta la madre la situación de las dos mujeres empeoró considerablemente. Nunca volvieron a fiarse de la gente. Por si fuera poco, además por aquellos días les expropiaron una porción de sus fincas debido a la construcción de una carretera. Las dos hermanas se tomaron el asunto como algo personal y acusaron de ello a sus vecinos. De eso hace más de treinta años pero todavía hoy permanecen en la casa las extrañas cruces blancas que pintaron entonces para ahuyentar a las visitas. Ramón, su vecino de en frente, explica: “Su mayor problema siempre fue la ignorancia. Cuando les quitaron las tierras para hacer la carretera creyeron que todos los del pueblo se las estábamos robando. Empezaron a poner cruces por todos lados, pretendían marcar su territorio. No sólo en la casa, si caminas por el pueblo aún ahora puedes saber cuales son sus fincas porque todas están marcadas con las cruces, era como su firma”.
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EL PERIODICO
18 de noviembre de 1979.
 Las fotografías recogen una Las vista general de la casa donde presuntamente viven las brujas. En otra se puede observar una tumba del cementerio de Aldea de Mato brujas donde se afirma que ocurren cosas extrañas .
 Aldea de Mato a dos kilómetros de Orense. Pese a la indigencia manifiesta de los aldeanos, el cementerio es suntuoso y abundan los panteones familiares construidos sobre mármol  y granito.
Una vieja señora, enlutada, enciende una vela junto a los suyos. Se detiene, nos mira atentamente y, poco des: Pues, como olvidándose de  los muertos que nos rodean : comienza a explicarse.
?Esas dos son brujas, verdaderas meigas chuchonas
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-Pero ¿por qué? ¿Usted cómo lo sabe?
  -Si uno se fija bien, puede reconocer perfectamente a una bruja verdadera. Hay que mirarle a los ojos, atentamente, y si en ellos se ad vierte el brillo de diminutas patas de sapo, entonces es bruja. También se les distingue porque llevan las cejas ligeramente pintadas de azafrán y ellas van así, yo las  he visto.
 Ellas son dos endiabladas señoras misteriosas que no hemos podido llegar a ver y que sus vecinos tampoco ven desde hace varias semanas. La casa es única, rodea da de fetiches para espantan espíritus extraños, y en numerosas ocasiones los vecinos aseguran haber oído «raros ruidos como de lechuzas en su interior, siempre cuando la noche es cerrada y cuando todos se disponen a dormir».
 -Ellas son las hermanas Nieves y Aurora Varela González y de ellas dicen sus convecinos que «están en otro mundo».
 -Son muy listas y saben lo que se traen entre manos.
 -¿Usted qué se imagina que traman?
  -Ah, ellas sabrán…celebran aquelarres.
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 -Algunos, en Mato, las tachan de brujas pero nadie en la aldea puede asegurar que las haya visto trasladarse ninguna noche del sábado hacia el arenal de Coiro, en Cangas de Morrazo (Pontevedra), o hacia los arenales de Sevilla «donde celebran sus aquelarres todas éstas».Nieves y Aurora viven en la miseria y nunca han acepta do la paga exigua que les corresponde por su jubilación
Lógicamente, tampoco han votado nunca a Franqueira, resorte de Pío Cabanillas en la región, ni han admitido las herencias familiares que les corresponden a ambas por no presentarse en la notaría de turno y aparecer a la luz del día. Disponen de unas seis hectáreas de terreno rico que pudiera ser huerta y de un bosque frondoso en la cercanías pero se niegan ha vender o trabajar su tierra y, claro, <<los pocos animales domésticos que poseen pagan las consecuencias, la última vaca se les ha muerto de inanición y ellas mismas están en los huesos>, comenta la vieja del cementerio.
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El camino que conduce a la casa, repleta de muñecas de colores en sus ventanas, está preñado de piedras esculpidas en piedra por Aurora, usando un pedazo de hierro, y pintadas por Nieves «con un potingue blanco»: «El trabajo lo hicieron siempre sin fechas fijas, durante varios años, esculpiendo o pintando a las horas más in tempestivas. A las tres de la tarde en pleno verano y con el sol batiendo sobre las an cianas o de madrugada, bajo la lluvia o el granizo durante el invierno», comenta el cura
La madre de Nieves y Aurora, la vieja Rita, se halla enterrada al lado de la casa después de que las hermanas mantuviesen oculto el cadáver durante algún tiempo: «No querían llevar al cementerio parroquial el cadáver de la anciana, para respetar su última voluntad», dice don Frutos. «Ella quería ser enterrada en la viña de la casa y, para ello, hube de solicitar permiso al obispo, que me lo concedió. El fune ral fue normal y la sepultura estaba muy bien preparada por ellas mismas.>>
Sin luz eléctrica
<<No tienen luz eléctrica en la cas ni utilizan velas para alumbrarse tampoco disponen de agua corriente>>, comentan en Mato. Desde hace varias semanas no sale humo de la chimenea de Aurora y Nieves y podrían estar muerta allá dentro, «pero no creo porque, si no, el hedor habría empañado ya la aldea entera», explica el cura. El caso es que nadie se ha decidido hasta el momento a entrar en la casa, por extraño que parezca, y los vecinos de Mato por nada del mundo entrarían.
   Las hermanas Varela sufrían, en los últimos tiempos, una crisis temperamental: «Antes eran enérgicas, impulsivas, mur autoritarias, y ahora ya no se pasean desnudas por la finca, de noche, ni persiguen a las personas que se les acercan aunque solamente sea al camino». Lo único que se ha oído recientemente, antes del silencio actual, fueron canciones «que ellas mismas se inven tan». Aurora tiene 73 años y Nieves 62.
A pocos Kilómetros de mato está el el sanatorio sipquiatrico de Toén, un gigantesco almacén de hombres enfermos procedentes, en su mayoría, del campesinado gallego.
  Aurora y nieves son un ejemplo.
Entre la edad media y la sociedad de consumo, en la sima de una crisis permanente, el campesinado gallego enloquece.
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EL PAIS
Dos ancianas rechazan dejar la cuadra donde viven
EFE Maside 24 NOV 1996
Dos hermanas octogenarias de Mato, localidad perteneciente al municipio de Maside (Orense), se niegan a abandonar la cuadra donde habitan desde hace varios días con sus ovejas y rechazan ser atendidas en un centro residencial.Aurora y Nieves se encerraron hace más de una semana con los animales, mojadas y sin apenas comida, después de que un incendio destruyese la casa que les fue legada por sus padres. El juzgado de Carballiño no autoriza el traslado forzoso de las ancianas, porque entiende que no se las puede obligar contrariando su voluntad.
Las mujeres rechazaron hace días, blandiendo un palo, al párroco de Docón y a dos monjas de un asilo, que querían llevárselas para atenderlas, y amenazaron con tirar aceite hirviendo a cualquier intruso. Ayer, personal de servicios sociales de la Mancomunidad de Carballiño y de la Guardia Civil hicieron un nuevo intento, pero tampoco tuvieron éxito y no pudieron convencer a las dos ancianas de que depusieran su actitud.
Según publicó ayer el diario La Región, de Orense, Aurora y Nieves recibieron a las visitas no deseadas con gritos desesperados de “¡Fuera de aquí, fuera de la casa de mi padre” y “Ninguén nos vai quitar a nosa casa!”.
Tras esa reacción, las dos mujeres volvieron al interior del edificio con las ovejas y se atrincheraron atrancando por dentro todas las puertas. Una de las ancianas, según diversos testimonios, se encuentra enferma dado que viven en medio de una gran humedad y en condiciones higiénicas muy deficientes.
Algunos vecinos han expuesto que las mujeres siempre habían manifestado temor a los grupos que se acercaban a la casa: “La gente venía porque pensaba que eran meigas [brujas] y ellas pintaban cruces y ponían muñecas para protegerse por todas partes, y todo por el miedo que tenían”.
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EL PAIS
La casa bruja
La historia de dos ancianas de Orense encerradas en una cuadra tras 30 años sin hablar con nadie
XOSÉ HERMIDA Orense 2 DIC 1996
Nieves y Aurora nunca volvieron a fiarse de la gente desde los días en que murió su madre y les expropiaron una porción de las fincas. De eso hace casi treinta años, pero aún hoy permanecen en la fachada de su casa las extrañas cruces blancas que las dos hermanas pintaron entonces para ahuyentar a las visitas. También fue por esa época cuando dejaron de contestar a los saludos de los vecinos. La gente empezó a llamarlas “As Bruxas do Mato”, una aldea del municipio orensano de Maside.
Han resistido hasta los ochenta y pico años, Aurora ya ciega, y Nieves cuidando de los animales y de la casa, una vivienda desvencijada, sin muebles, ni luz, ni agua corriente, que ardió el pasado 14 de noviembre. Las dos ancianas se refugiaron tras el incendio en el último reducto de su propieadad: una cuadra subterránea, de la que durante dos semanas no pudo sacarlas ni la Guardia Civil. El jueves la abandonaron al fin por su propio pie.
A Rosita, la tendera que les estuvo llevando comida durante los últimos días, Nieves y Aurora le confesaron que tiempo atrás Dios ya las había avisado de que su casa iba a ser destruida por las llamas. El mismo Dios volvió a ordenares tras el fuego que dejasen la casa tal como estaba. Por eso se atrincheraron dentro de la cuadra, en un habitáculo de apenas dos metros cuadrados, con el suelo de tierra y el agua de la lluvia filtrándose por el techo, al que se accede a través de un pasadizo oscuro. Desde allí amenazaron a la Guardia Civil con verterle encima aceite hirviendo.
Nieves y Aurora nunca se mientan por sus nombres; se llaman una a la otra “compaña” [“compañía”]. Aunque en la huerta cultivan uva y berzas, y tienen algunas gallinas, en realidad han vivido de la limosna. No de pedirles a sus vecinos, con los que no cruzaban palabra, sino de mendigar en O Carballiño o en otros pueblos grandes de la comarca. También recogían chatarra para amurallar la finca (capós de coches, el anuncio de un coto de caza, una marquesina entera … ) y colgaban a la entrada muñecas rescatadas de la basura. Los que viven en los aIrededores no tienen queja de ellas, pero a todos los niños nacidos en O Mato en los últimos 30 años se les ha advertido que no se acerquen a la casa le “As Ritas”, el apodo de la familia.
La noche del incendio, que empezó seguramente en uno e los fuegos que hacían para alentarse y preparar su escasa comida, no rechazaron la ayuda de los vecinos solícitos. La ente se agolpó en la casa, y las os hermanas parecían muy agradecidas; a algunos incluso s preguntaron cómo les iba la vida. En los días siguientes fueron regresando a su hermetismo. Sólo aceptaban ya la presencia de Rosita, la tendera. Rosita es Rosa Bértolo, una mujer generosa. Durante una semana llevó galletas, chocolatinas y leche a Nieves y a Aurora. “Te ha enviado Dios”, le decían ellas, “tú eres la Virgen de los Remedios”.
La juez de O Carballiño, Ana Santos, acudió a la casa acompañada de un forense, y aunque sólo pudo intercambiar con ellas algunas palabras, dictó orden para su acogida en un centro sanitario. Pero al resistirse Nieves y Aurora, la magistrada prefirió no forzar el desalojo.
Cuando el pasado jueves la juez Ana Santos logró acceder al interior del habitáculo en compañía de la Guardia Civil, la Cruz Roja, el forense y el cura de la parroquia, se cocía al fuego un precario caldo de verdura. Parece milagroso que dos octogenarias lograsen sobrevivir en tal situación., Pero a los vecinos de O Mato no les extraña: hablan y no paran de su fortaleza. La vivienda va a ser reparada por el Ayuntamiento de Maside mientras Nieves y Aurora permanezcan en el hospital de Orense donde fueron internadas y se encuentran “bien y tranquilas”, según el parte médico. Tal vez su capacidad de resistencia había llegado al límite. El jueves bastó un intercambio de palabras para que as dos ancianas se entregasen en brazos de la Cruz Roja. Nieves sólo preguntó adónde as llevaban. A Aurora costó algo más convencerla. Además de ciega, arrastra también una cojera.
“No sabemos”, dice la juez, ,si lo tenía de antes o llevó un golpe durante el incendio. Como en 30 años nadie se ha preocupado por ellas …”
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Desde que se entra en el camino a la casa y el que lleva hacia el monte  rodeando la casa
se encuentran las gran cantidad de cruces esculpidas en las piedras que configuran los muros.
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Les llamaron bruxas y terminaron viviendo con las ovejas: la historia de ‘As Ritas’

Su casa de Maside, llena de cruces y muñecas, convirtió durante décadas a Aurora y Nieves en dos personajes con leyenda de meigas. En 1996, un incendio las dejó a la intemperie. Agotaron sus días en el asilo de Carballiño.

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‘El hambre y el frío acechan a dos ancianas que se niegan a dejar su casa quemada, en Maside’ (La Región 19/11/1996).

El fuego acabó en noviembre de 1996 con el aislamiento de Aurora y Nieves, dos hermanas ancianas que residían en una solitaria casa en la pequeña aldea de Mato, una parroquia de Rañestres (Maside). Durante tres décadas, ‘As Ritas’ habían vivido fuera del mundo. Les llamaban ‘las bruxas do Mato’. Cuarto Milenio rescató su historia hace un par de semanas.“Su casa de noche era verdaderamente impresionante. Al llegar, los focos del coche iluminaron el muro, lleno de cruces blancas y luego la casa. Y en una fachada del edificio, un montón de muñecas colgadas allí” (Maribel Outeiriño, periodista de La Región)

Su padre murió joven. Ellas se criaron con su madre, Rita. Cobraban una pequeña pensión que complementaban vendiendo ovejas y cerdos. Cuando se quedaron huérfanas, a mediados de los años 60, todo cambió. “Uns parentes intentaron darlle uns cartos que lles correspondían por herencia –explicaba un vecino-. Foi imposible porque se negaron a firmar os papeis”. No tenían ninguna documentación, para el Estado no existían. Aurora y Nieves se quedaron completamente solas. Terminaron subsistiendo de una pequeña huerta y de la mendicidad.

“El que acudía a estos lugares daba una limosna. Inmediatamente las meigas pintaban una cruz o colocaban en la pared una vieja muñeca que habían encontrado en la basura. Aquella (la vivienda de ‘As Ritas’) era una espectacular instalación que llamaba mucho la atención, con las hermanas pintadas de negro y un montón de corredores y paredes llenas de cruces. Respondía a la ancestral cultura del sanador. Usted se va, pero quedará presente en mi casa en forma de muñeca o cruz”. (Felipe Senén, arqueólogo, en Cuarto Milenio).

Con el paso del tiempo, su leyenda de meigas creció en la comarca. Igual que su hermetismo. “Eran asiduas as pandillas de mozos que ás insultaban de madrugada intentando entrar na casa”, explicaban los vecinos de Mato a Sabela Pinal, periodista de La Región.  Para muchos jóvenes, ir hasta la casa de las hermanas se había convertido en un rito iniciático. Eran un espectáculo gratuito. Ellas lo sufrían en silencio, sin cruzar palabra con nadie y con sus parroquianos de testigos: “As pobres levan sufrido moito. A xente falaba moito, viña e as tentaba. Pasaron moita fame, se estaban enfermas nin ao médico iban. ¿As cruces? Pintábanas porque estaban asustadas”.

Los años pasaron. Hasta que llegó 1996. Un incendio, provocado seguramente por la lareira en la que cocinaban, devoró su vivienda. Para ellas empezaba otra odisea. Tras no aceptar ninguna ayuda, ‘As Ritas’ siguieron viviendo en las ruinas de su casa, sin tejado en pleno noviembre ourensano. Para combatir el frío, dormían en la cuadra, entre las ovejas y las gallinas. Se alimentaban de un caldo de verdura que hacían allí mismo. Durante una semana, los sucesivos intentos de convencerlas para llevarlas a un asilo mientras reconstruyen la casa fracasan. Ni los vecinos, ni sus parientes, ni el cura, tienen éxito. Cuando llega la Guardia Civil con una orden judicial de internamiento (dictada por la juez de O Carballiño, Ana Santos), atrancan la puerta y les amenazan con echarles aceite hirviendo: “Fora de aquí, fora da casa do meu pai. Ninguén nos vai a quitar a nosa casa”.

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El 28 de noviembre, el escenario cambia. Después de que el sargento de la Guardia Civil consiguiese explicarles la situación, abren la puerta de su casa. “Onde nos levades?” pregunta Nieves mientras sube a la ambulancia que las llevará al hospital. Aurora, ciega y con una notable cojera, terminaría siguiendo sus pasos, tras soltar una frase lapidaria: “Si hasta agora vivimos sin lles preocupar a ninguén, porque falten unhas poucas tellas seguiremos vivindo”.

Los médicos del Santa María Nai encontraron que su estado de salud era bueno. Ellas pidieron compartir habitación y tener las camas juntas. Paseaban por los pabellones juntas, agarradas de la mano. La televisión les atrajo desde el inicio. Mientras, el arquitecto municipal del Concello desaconsejaba restaurar su casa. En diciembre de 1996 fueron trasladadas “con el máximo secreto” al asilo municipal de Carballiño. Allí, Aurora, más habladora que su hermana Nieves, habló con La Región.

“Cando era nena divertíame moito. Pero despois non quixen mozos, nunca quixen mozos. Hai moitas mulleres que deixan aos seus fillos e maridos e vanse por ahí. Nos sómos moi diferentes. A nós chámannos meigas porque temos cruces na nosa casa, e aquí tamén hai moitas. Esta casa (por el asilo de Carballiño), é moi grande, a xente vai e ben, ten todas as comodidades e estase ben nela, pero a nós chéganos con unha habitación, unha cociña e as ovellas, non necesitamos nada máis. Comodidades? Eso todo é bo para quen pode. Nós vivimos como podemos, non como queremos. Claro que se cadra vive tan ben o que ten pouco como o que ten moito, porque é millor ter pouco e sábelo disfrutar. Se fomos felices? Nin xiquera nos acorda”.

Aurora Varela González falleció el 15 de septiembre de 1997. Su hermana Nieves, el 21 de noviembre de 2002.

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Fuentes:

http://paranormaless.webnode.es/…

El Periódico

El País

La Región

 

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