ENTREVISTA A JAVIER SIERRA

ENTREVISTA A JAVIER SIERRA

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Javier Sierra (Teruel, 1971) ha sido bautizado como el “anti Dan Brown”. Defiende en su novela “La cena secreta”  (Plaza & Janés) un punto de vista divergente del “Código Da Vinci”. Los norteamericanos lo han acogido con entusiasmo: él cree ahora que “el sueño americano” no es una ficción. Es un enamorado de Teruel, la ciudad del mudéjar, y no descarta escribir sobre Agustina de Aragón
¿Cómo resumiría la experiencia del gran éxito de “La cena secreta” en Estados Unidos? He descubierto que la expresión “el sueño americano” existe. Siendo un completo desconocido, allí, con el respeto del público y el respaldo de una editorial, puedes llegar adonde ni hubieras imaginado nunca. En España todo había sido más lento. Mi novela sobre Leonardo da Vinci se ganó poco a poco el respeto de los lectores y más que una campaña de promoción funcionó el boca a oreja.
¿Qué más ha descubierto? Que si tienes buenas ideas, y tienes determinación y confianza en ti mismo, puedes llegar hasta donde te lo propongas. En España una buena idea no basta, se necesitan apoyos o un mecenazgo. En Estados Unidos, las ideas son captadas y valoradas. Allí una idea es más poderosa que una bomba. El éxito de Estados Unidos también ha tenido un efecto de contagio en Europa: en Alemania se dispararon las ventas y se han vendido alrededor de 400.000 ejemplares.
¿No se pregunta a veces si está soñando? Desde luego. Ahora están a punto de publicar otro libro mío, “La dama azul”, al inglés. Les ha interesado mucho la historia de esa evangelizadora de la Baja California, Sor María Jesús de Ágreda, que parecía instalada en el milagro de la bilocación. Decían que tenía la facultad de estar en dos lugares al mismo tiempo. Piensan que esa mujer une un poco a España y Estados Unidos. He revisado la novela por completo para la edición norteamericana. La he reescrito literalmente. Luego aparecerá “Las puertas templarias”.
¡Hombre! ¿Y “El secreto egipcio de Napoleón”? Será la última de mis novelas en ser traducida al inglés. Ellos ven a Napoleón como un dictador y esperan a ver si mi nombre se hace tan importante en Estados Unidos como el suyo. Yo me río.
¿Qué ocurrirá cuándo vuelva a Teruel, aunque sea de paso? Quiero volver. He notado el cariño de la gente desde que presenté allí mi primer libro en 2000. Era “En busca de la Edad de Oro”, y fue muy emocionante reencontrarme con los compañeros de colegio. Me dijeron: “Hasta dónde te han llevado todas aquellas fantasías que nos contabas”. Empecé muy pronto con esto: quería saber, y me interesaban temas que no aparecían ni en los libros de texto ni en las enciclopedias. Como los ovnis. Buscaba por aquí y por allá, y esa búsqueda me inyectó el vicio del periodismo. Tengo una enorme deuda de gratitud con Teruel.
Usted empezó en la radio, ¿no? En Radio HERALDO en concreto. Fue una experiencia muy agradable. Había un programa los sábados por la mañana, donde la gente iba y dedicaba discos o canciones. Yo también fui, pero me enamoré del micrófono de inmediato. Empezaron a preguntarme cosas, y yo les contaba. Me volvieron a llamar otro sábado, y otro. Estuve así tres años y medio. Se me había olvidado una cosa…
Cuéntela, por favor. Insisto en la solapa de mis libros que nací en Teruel en 1971. Los norteamericanos me preguntan mucho por mi ciudad. Y yo les digo que esa ciudad nació de un cruce de culturas, que tenemos el mejor arte mudéjar del mundo, y un artesonado medieval, único, en la catedral de Teruel, que están los Amantes y que es un lugar de misterio. Les encanta que les cuente la historia del escudo: el toro, la estrella que camina sobre el toro, y que técnicamente es un ovni. En Estados Unidos soy un embajador improvisado de Teruel y me siento muy bien.
¿Le gusta el nuevo Teruel? Desde luego. La transformación que ha vivido ha sido alucinante. Me gusta mucho el Óvalo, la escalinata, me gustaría que el viaducto fuera totalmente peatonal, y también me gustaría que rehabilitasen el lienzo de la muralla.
¿Cuál es su aragonés favorito? Agustina de Aragón. Me gusta su papel de heroína épica en la guerra de Independencia. La historia de Aragón, y también la de España, necesita héroes. Los españoles nunca han sabido crear héroes. Piense en Alatriste llevado al cine: el héroe es presentado como un perdedor. Nos avergonzamos de nuestra historia.
¿Escribirá una novela sobre Agustina de Aragón, entonces? No lo descarto. La literatura no puede ir disociada de la emoción. Es el momento en que a las generaciones de lectores hay que traerles emoción, no dolor.
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