El suelo de la tundra siberiana se mueve como si escondiera burbujas de agua subterráneas

El suelo de la tundra siberiana se mueve como si escondiera burbujas de agua subterráneas

Las frígidas estepas de Siberia se están convirtiendo en el epicentro de misteriosos fenómenos geológicos. Los dos últimos años han visto cómo se propagaba un fenómeno insospechado: unos cráteres repentinos han empezado a explosionar desde las entrañas del permahielo que recubre su suelo desde la noche de los tiempos.

El mes pasado, la presencia de una gigantesca cima en la república de Sakha, un desfiladero que discurre tan ancho y profundo que sus vecinos ya lo han bautizado como “la puerta del inframundo”.

Hoy, apenas unas semanas después, el suelo congelado de la tundra de la remota isla siberiana de Belyy se ha convertido en el escenario de una nueva aberración: la formación de inquietantes y desenfrenadas burbujas subterráneas.

Este vídeo, difundido por el medio de comunicación Siberian Times, muestra el efecto ondeante del suelo siberiano.

   

En un este vídeo, publicado hace unos días por el periódico local Siberian Times, los investigadores Alexander Sokolov y Dorothee Ehrich han estado explorando un tramo aparentemente insustancial de pasto que ha revelado ser una enorme y oculta bolsa de algo, algo que no saben muy bien que es, pero que parece una burbuja subterránea.

Así, la grabación muestra que cuando Sokolov hunde sus botas en el dorso de la misma, la tierra se mueve como lo hacen las olas en el mar. Según los científicos rusos, un total de quince formaciones como ampollas de idéntica naturaleza han sido descubiertas en la isla este verano.

Los investigadores que han grabado las extrañas imágenes aseguran que al pinchar la burbuja, esta habría expulsado dióxido de carbono y gas metano. Todavía es un misterio cómo se forman estos glóbulos de gas, aunque es probable que una insólita ola de calor haya provocado el derretimiento del permahielo que recubre proverbialmente el suelo de la estepa siberiana. De tal forma, que ello habría posibilitado la filtración del gas metano.

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El caso es que está no sería la primera vez que se señala a las filtraciones de metano como la causa de las salvajes anomalías que surcan la inexorable Siberia. Los geólogos sospechan que enormes cráteres y sumideros habrían empezado a estallar después de que el suelo de tundras anteriores hubiera empezado a derretirse rápidamente. Muchos científicos temen que las emisiones de gases metano provenientes del Ártico puedan “desencadenar un calor adicional”.

Según ha concluido un estudio en la materia, se estima que para el año 2100, un año que quizá solo lleguen a ver uno o dos lectores de este artículo, las emisiones de carbono expulsadas por el permahielo serán de 205 mil millones de toneladas. Claro que la pavorosa cantidad solo debería de registrarse en el caso de que el cambio climático no deje de empeorar de ahora en adelante, en cuyo caso ningún lector de este artículo podrá leer absolutamente nada.

La isla de Bely está enclavada en el mar de Kara, en el océano Ártico y es un destino popular para muchos investigadores que estudian la manera en que el cambio climático estaría afectando a los ecosistemas del norte. La zona es uno de los últimos reductos europeos donde todavía existe una considerable población de osos polares, a quienes los científicos rusos estarían rastreando durante los últimos meses con ayuda de collares controlados a través de un satélite.

Según relata Sokolov, la isla está padeciendo un verano insólitamente caluroso, lo que ha provocado que manadas de osos polares hambrientos se estén aproximando a la orilla desesperadamente en busca de comida. Parece que el cambio climático está sacudiendo nuestro universo de múltiples formas, y no solo de una sola.

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