EL MAREMOTO DE CADIZ

EL MAREMOTO DE CADIZ

El maremoto de Cádiz

FUENTE : http://www.ikerjimenez.com/      –    por Estela González de la Flor

 

Cádiz. 1 de Noviembre de 1755

La capital gaditana se despierta una mañana más con la brisa marina, el día despejado y, como siempre, algo de viento que agita tranquilamente las olas del mar.
Aparentemente es un día como otro cualquiera; algunos barcos salen camino al nuevo mundo, otros vienen llenos de conquistas, los párrocos ofician misa y los ciudadanos se concentran en sus quehaceres cotidianos.
Son casi las 10 de la mañana. Extrañamente, el cielo ha comenzado a nublarse. Parece que se avecina una gran tormenta. De pronto comienza a notarse un leve temblor en el suelo, la gente se asusta y empieza a correr despavorida por las calles. Nadie sabe qué ocurre. Las casas vibran, el viento sopla con fuerza y súbitamente los gaditanos se convierten en testigos mudos de cómo unas grandes “lenguas” de agua entran con brusquedad a través de las estrechas calles de la ciudad, arrasando todo allá por donde van.
Los más rápidos consiguen escapar gracias a las azoteas, pero otros con menos suerte perecen ahogados.
España, todavía sin saberlo, acaba de ser víctima de uno de los acontecimientos meteorológicos más destructivos de los que se tiene constancia hasta la actualidad. “El terremoto de Lisboa”, nombre que se dio al fenómeno, pudo haber acabado con la vida de miles de personas si no hubiese sido por el desconcertante y repentino retroceso de las olas.
Desde la más remota antigüedad, para predecir futuros movimientos de tierra, se prestaba atención al estado del cielo al amanecer, a los vientos, al estado del mar e incluso al olor de las aguas… Sin embargo, nada de esto sirvió aquel lejano día para anticipar la violencia desatada por un movimiento de tierra que podría haber tenido consecuencias catastróficas en ciertos lugares de la península e incluso fuera de ella.
El terremoto de Lisboa, que alcanzó los 9 grados de magnitud en la escala Richter, es considerado aún hoy uno de los más destructivos de la historia. Las olas que se desataron en el sur de la Península Ibérica pudieron haber sobrepasado los 15 metros de altura, y según se tiene constancia ahogaron a 15 personas repartidas por toda la capital gaditana.
El movimiento sísmico, convertido en maremoto en ciertas ciudades como Cádiz o Conil, arrasó todo lo que encontró por delante y afectó en distinto grado a varios países como Marruecos, Portugal y España.
La envergadura de este acontecimiento fue tal que el rey Fernando VI ordenó sondear a la población. Así, se llegó a realizar una especie de encuesta preguntando a los habitantes de cada pueblo si habían notado el temblor. Del primitivo estudio de opinión se encargaron las personas más cultas de cada lugar.
Las cartas que se enviaron desde Cádiz fueron numerosas, pero entre ellas destacan las de Antonio de Azlor, gobernador de la ciudad, quien contaba que notaron unos temblores de cinco minutos que sólo causaron destrozos en algunas casas y no se tuvieron que lamentar víctimas. Sin embargo, al cabo de una hora aproximadamente, el agua del mar comenzó a penetrar por la ciudad dejando inundados barrios como La Viña o caminos que unían Cádiz con otras ciudades como “La Isla de León” (San Fernando).
También resultan relevantes las cartas de Louis Godin, profesor de matemáticas y observador de varios terremotos en su vida. Godin describe en sus cartas la mañana “clara y serena” con la que se levantó la ciudad, el “leve movimiento de tierra” y cómo aproximadamente una hora después del temblor, “lejos de la ciudad, hacia el Oeste, el mar estaba muy encrespado, y venían sobre Cádiz olas muy extensas y altísimas; en efecto llegaron en seguida sobre la ciudad, embistiendo furiosamente a la capital”.

En su escrito encontramos una de las primeras referencias a la divinidad: “Una orden (sin duda inspirada por Dios) hizo que se cerrasen las puertas y allí quedaron retenidas unas mil o quizás dos mil personas que, sin duda, hubiesen perecido si hubieran estado fuera”.

Pero ésta no es la única mención que vincula el maremoto con la divina providencia. Existen varios documentos que atestiguan la intervención de dos vírgenes en Cádiz para ayudar a conseguir el retroceso de las gigantescas olas que amenazaban a la ciudad.
La primera de ellas es la Virgen del Rosario, conocida por ser la Patrona de Cádiz. Se cuenta que los gaditanos sacaron la imagen de su santuario para que ésta intercediera ante Dios, situándola ante toda clase de “gentes” que se agolpaban frente a la iglesia huyendo del peligro. Dicen que el agua retrocedió entonces con “velocidad extraña” y aunque las olas se sucedieron no causaron ningún tipo de daño.
La segunda mediación parte de la iglesia de La Palma, en el histórico barrio de La Viña. El padre Bernardo de Cádiz y su ayudante Francisco Macías se encontraban oficiando misa mientras el mar se acercaba destruyendo todo lo que se encontraba a su paso. Parece que desde dentro del santuario se escuchaban los gritos de los atemorizados viandantes.
Cuando los clérigos salieron al exterior para saber qué pasaba, observaron cómo penetraba el mar por las calles, y decidieron poner su destino en manos de la Virgen de la Palma, sacando el estandarte y el crucifijo que guardaban en la iglesia.

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“¡Hasta aquí, Madre Mía!”… y las aguas comenzaron a retroceder …”

Fue tal la importancia que se le dio a esta intervención divina de la Virgen de la Palma que pocos días después se instaló una placa junto a un cuadro de la venerada imagen simbolizando justo el momento en el que las olas empezaron a amainar. La placa puede contemplarse aún hoy cerca de la Iglesia, como un modo de atestiguar que lo ocurrido fue algo más que una simple leyenda.
Fotografía cortesía del blog www.nadandoconchocos.com

En ella se puede leer actualmente: “En el año mil setecientos cincuenta y cinco, primer día de Noviembre, la tierra en violentos vaivenes de un temblor se estremecía enfureciendo al mar sus movimientos por los muros de Cádiz se subía preparando entre horror, ansias y males, el último castigo a los mortales. Un sacerdote saca fervoroso el guión de la imagen de la palma; DE AQUÍ NO PASES, dice al mar furioso; y al punto al mar se vuelve y todo calma. Por este caso tan notable y prodigioso esta ilustre hermandad, con vida y alma de Dios y de María, en honra y Gloria en gratitud erigió esta memoria”.


Por si todo esto fuera poco, hace tan sólo unos días el Cofrade de la Iglesia de La Palma, José Luis Ruiz, localizó varios documentos en los que se recogen por escrito los hechos tan sólo tres días después del fenómeno.
El manuscrito, que se encontraba en un libro de actas de la cofradía, nunca había sido divulgado con anterioridad y en él se confirma la “autenticidad” de los hechos y se puede leer cómo la Junta de Oficiales se reunió un mes y medio después del terremoto para acordar la salida de la Virgen en procesión. Así, desde entonces la imagen sale cada 1 de Noviembre y no el 26 de Diciembre como se hacía antes del seísmo.
Como decíamos, otra de las actas que se han encontrado data de sólo tres días después del maremoto. En ella el Obispo Fray Tomás del Valle pide a los gaditanos que hagan ayuno el 5 de Noviembre “según las fuerzas de cada uno”.

El terremoto de Lisboa tuvo numerosas réplicas durante los años siguientes. El 1 de Noviembre de 1756, exactamente un año después del primer y devastador seísmo, se percibió otro movimiento cuando:

“Caminando Fernando Muñoz el día de todos los Santos, a quando el terremoto que ubo subieron las aguas del mar y toparon, camino por donde iba dicho Fernando y lleva al ganado… Para Cádiz y viendose lla perdido y que las aguas montaron por encima de él y de las carreras y que se apoyaba sin remedio yboncó a María Sta. De los Santos de Alcalá de los Gazules y fue libre de semejante peligro”.

Como podemos observar, por tercera vez nos encontramos con la sorprendente relación que parece existir entre una supuesta mediación de la divinidad y la retirada del mar. De hecho, aún hoy podemos observar cómo una historia que comenzó en el siglo XVIII sigue vigente transmitiéndose a través del boca a boca.
No podemos concluir sin mencionar un hecho que, aunque quizá no sea más que una casualidad, va extendiéndose poco a poco por las calles gaditanas. Tenemos que remontarnos tan sólo unos meses atrás, cuando el barrio gaditano de “La Laguna” quedó inundado como consecuencia de una torrencial lluvia. Un desastre meteorológico más que, a pesar de su gravedad, no tendría nada fuera de lo normal de no ser porque la imagen de la Virgen de la Palma no estaba entonces en el lugar donde habitualmente descansa. De hecho son los propios gaditanos los que atribuyen ese último desastre a la ausencia temporal de la imagen.
Para los lugareños que dan por ciertos los acontecimientos que hemos narrado en este artículo, la prueba más contundente tal vez sean las leyendas populares transmitidas de generación en generación como recuerdos colectivos de hechos reales. Y es que el caso del terremoto de Lisboa, ocurrido hace más de tres siglos, está todavía muy lejos de cerrarse, y periódicamente no dejan de aparecer indicios que apuntan hacia una inquietante veracidad.

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