El Incidente Hill – I Parte – por Pedro Segura (llenodestrellas)

El Incidente Hill – I Parte – por Pedro Segura (llenodestrellas)

La abducción es un fenómeno cuestionable. En términos ufológicos, se define como el acto en el cual un ser vivo terrestre es secuestrado por supuestos entes alienígenas. Muchas son las personas que afirman haber sido abducidas y trasladadas al interior de una supuesta nave espacial, donde son sometidos a una variedad de exámenes físicos similares a los que se les pudiera practicar en cualquier hospital. La gran mayoría de las víctimas testimonian no recordar de inmediato dicha experiencia. Y es a través de sueños reiterativos e hipnosis médica que, dicha experiencia, es rescatada de su memoria.
Las investigaciones que durante más de cuarenta años se han producido en torno a este fenómeno son divergentes en los resultados. 
Por una parte tenemos las científicas; las cuales niegan que tengan una base real ya que no existe una evidencia física que pueda ser examinada, considerándolas patologías de naturaleza emocional.
Por otra, tenemos las ufológicas que aceptan determinados testimonios como ciertos afirmando que se tratan de una experiencia real.
El resultado son dos puntos antagonistas que no resuelven el enigma en sí, pero crean un debate constante y que actualmente continúa abierto. 
El caso que a continuación presento, pertenece a aquellos que se le puede etiquetar como un suceso abierto y perfectamente documentado:
Transitar tranquilamente con nuestro automóvil por una carretera poco circulada y admirando el paisaje, mientras la noche extiende su manto sobre nosotros, puede resultar una experiencia placentera. Y eso, probablemente, es lo que experimentaron el matrimonio Betty y Barney Hill de regreso a la localidad de Portsmouth, su hogar, después de unas vacaciones en el estado de Nueva York, a bordo del Chevrolet Bel Air que conducía Barney. También le acompañaban una tercer ocupante Delsey, su perrita.  Aquel 19 de septiembre de 1961, el cielo estaba totalmente despejado, el verano finalizaba y con él las vacaciones del matrimonio Hill. 
Formaban un pareja inusual para la época, ya que se trataba de un matrimonio interracial, él era negro y ella blanca, en un país donde existía la segregación racial. Betty, era asistente social. Barney trabajaba en el Servicio Postal de Boston. Los dos, eran activistas por los derechos civiles, una condición que les causó muchos problemas en su comunidad.
Decidieron parar en Colebrook, no tenían prisa, les quedaba por recorrer unos 275 Kilómetros y eran las 20:30 h. Después de una apacible cena, el matrimonio retomó su camino. Barney calculó que antes de las 03:00h de la mañana llegarían a casa.
Betty, intentaba sintonizar en la radio, un programa musical que les acompañara en su travesía. Pero se le resistía, parecía que la antena, que en aquellos años se utilizaban en los automóviles para captar la señal de radio, no lograba su cometido. Delsey, la perrita que les acompañaba, se mostraba inquieta y comenzó a emitir gemidos sin causa aparente. Antes de subir al coche la habían bajado para que hiciera sus necesidades. Por lo que esos gemidos deberían tener otra naturaleza. Intentaron calmarla pero no fue posible. Comenzaron a preocuparse, tal vez se tratara de alguna dolencia interna. 
Mientras tomaban la autopista US3 en White Mountains, pensaron en detenerse preocupados por Delsey. En ese momento, Betty y Barney avistaron una especie de destello en el cielo que se desplazaba velozmente. Betty, motivada por la curiosidad, tomó los binoculares que tenían en la guantera del coche para observar con más detalles aquella luz. Barney, hacía constantes conjeturas sobre lo que podría ser. Betty, sin prestarle demasiada atención a sus teorías, no lograba fijarla, el movimiento del automóvil y el continuo desplazamiento de la luz en el cielo, dificultaban dicha labor. Inesperadamente, la luz cambió su trayectoria dirigiéndose vertiginosamente hacia ellos. 
Pasó por encima del automóvil emitiendo destellos multicolores y una especie de zumbido eléctrico. Esta maniobra produjo que Barney perdiera por unos segundos el control del vehículo, ágilmente se hizo de nuevo con él y continuó conduciendo por la desierta carretera. A pesar del sobresalto, Betty le pidió que redujera la velocidad para observar la trayectoria de la luz. Aquella luminaria que en ocasiones era tapada por los picos de las montañas cercanas, parecía estar siguiéndoles. En un momento determinado pudieron percibir que descendía sobre la cima de la montaña Cannon, volviéndose a desplazar por el cielo. Barney, instintivamente, abrió la guantera cogiendo su pistola. Se encontraba incómodo e inquieto por la situación y estar armado le hacía sentirse más seguro. 
Cuando se encontraba cerca de Indian Head, una pequeña localidad sureña, aquella extraña luz se dirigió nuevamente hacia ellos y descendió en medio de la autopista. Barney, detuvo el vehículo y arrebatándole de las manos los binoculares a Betty bajó del mismo para observarla. Lo que contempló le dejó aturdido. Se trataba de una gigantesca nave, tan grande como un avión de pasajeros, oscilaba suavemente de derecha a izquierda y provista de luces carmesíes en los extremos. Betty, aún en el interior del coche, contemplaba con incredulidad y fascinación aquel objeto desconocido. Entonces, recordó que su hermana, confidencialmente, le relató que tuvo un avistamiento OVNI hace muchos años, aunque se asemejaba, lo que ella ahora mismo estaba experimentando, trascendía la experiencia de su hermana.
Barney, entró precipitadamente en el vehículo ante la mirada temerosa de Betty que no comprendía que era lo que realmente le estaba sucediendo. Murmuraba algo ininteligible, tembloroso, arrancó el coche, Betty que lo seguía mirando atónita consiguió oír lo que Barney susurraba: ¡Nos van a capturar! Sintió un estremecimiento que le recorrió todo el cuerpo. Betty, miraba temerosamente por la ventanilla tratando de divisar el objeto, en ese intervalo, el coche vibró, escuchándose un zumbido electrónico e invadiéndoles una extraña somnolencia. Un segundo zumbido, les devolvió al estado anterior. Los dos se miraron en silencio, sin apartar su mirada, y Betty le preguntó: ¿Crees en los platillos volantes? Barney, todavía confuso, no quiso responderle, solo deseaba regresar a casa lo más rápido posible.
Cuando por fin llegaron a casa, Barney miró su reloj, estaba parado, igual que el de Betty. Una vez en el interior de la casa se dirigió al reloj de la cocina, eran las 05:00h de la madrugada, se habían demorado dos horas. Exhaustos, mas por la experiencia vivida que por el viaje, sintieron la necesidad de tomar un baño, como si esta acción realizara un efecto purificante. Al desvestirse, Barney comprobó que sus zapatos tenían las punteras gastadas, su ropa estaba húmeda y en los calcetines había agujas de pino. Betty, tenía una especie de polvo rosáceo sobre su vestido. No supieron dar explicación a ello. En vano intentaron relajarse, pero solo pudieron dormir algunas horas. 
Las semanas siguientes fueron perturbadoras para Betty. Estuvo sufriendo pesadillas continuas. En estas, el escenario siempre era el mismo; era de noche y ella caminaba por un bosque, y de repente, unas presencias inquietantes que la cercan intentando atraparla, desesperadamente intenta huir sin conseguirlo. A continuación, dos seres extraños y menudos, la obliga a continuar andando por aquel bosque ensombrecido. Impotencia, es lo que Betty sentía ante esa situación, ya que no podía hacer nada para evitarlo. Entonces, en medio de esa oscuridad, distingue a Barney. Parece caminar sumido en una especie de trance, le llama pero parece no escucharla llegado a ese punto se despierta. Este sueño, se le repetía constantemente. Barney, no sabía qué hacer para ayudarla, sintiéndose impotentes y abatidos. 
Sin saber en quién confiar ni a quién acudir, Betty fue a la biblioteca local con la intención de encontrar alguna referencia y así poder obtener una explicación a lo que les estaba ocurriendo. Encontró varios libros sobre la temática OVNI, uno de estos, había sido escrito por el mayor Donald E. Keyhoe. Keyhoe, era un militar retirado que pertenecía a la Marina de EE. UU., concretamente al cuerpo de infantería y que a su vez dirigía el NICAP (Comité Nacional de Investigaciones sobre Fenómenos Aéreos), una organización no gubernamental para la investigación OVNI. 
Betty estuvo enfrascada en la lectura de estos libros, en particular el del Mayor Keyhoe, titulado “El complot contra los platillos volantes”, con el que se encontraba totalmente identificada con su contenido. Betty y Barney decidieron contactar con esta organización, tal vez ellos les pudiera ayudar a entender lo que les estaba ocurriendo. 
Sin demora, Betty escribió a Keyhoe describiéndole la experiencia completa. En esta ocasión, no ocultaron ningún detalle de la experiencia vivida aquella noche del 19 de septiembre. En el mismo escrito, Betty le comunicó que el comunicado que realizaron en la base Pease estaba incompleto, ya que solo relataron una parte de la experiencia. También hizo referencia a las pesadillas constantes que sufría relacionadas con el incidente. 
Walter N. Webb, astrónomo y miembro del NICAP les contestó en nombre del mayor Keyhoe y decidieron concertar una entrevista. EL 21 de octubre, fue el día señalado. La reunión duró más de seis horas. Fue un interrogatorio agotador. El dictamen fue el siguiente:
“Después de interrogar a esta pareja y de estudiar sus reacciones y caracteres, mi opinión es que dicen la verdad y que el incidente ocurrió exactamente como ellos lo relatan” 
W.N. Webb

Dicho informe, impresionó a otros dos miembros de la Organización, C.D. Jackson, ingeniero eléctrico y Robert Hohman, escritor especializado en temas científicos. Webb, era un científico reconocido por su carácter meticuloso y juicioso en sus investigaciones y gozaba de total credibilidad en sus investigaciones. Por ello, Jackson y Hohman, solicitaron una segunda entrevista con el matrimonio Hill. 
La entrevista tuvo lugar el 25 de noviembre, los Hill fueron acompañados por el comandante James McDonald, oficial de las Fuerzas Armadas norteamericanas y amigo íntimo del matrimonio. Comenzaron al mediodía y se extendió hasta la medianoche. En esta segunda reunión se logró extraer un dato muy importante para la investigación, se trataba del retraso de dos horas de las que el matrimonio Hill solo fue consciente cuando llegaron a su casa y consultaron con el reloj de la cocina. Según el testimonio de los Hill, salieron sobre las 22:05h, el tiempo estimado de llegada era sobre las 03:00h de la madrugada y teniendo en cuenta que nunca estuvieron parados más de cinco minutos debido al incidente y que el tráfico era inexistente, llegaron a las 05:00h de la madrugada. No se encontraba una explicación que justificara esta demora. ¿Qué sucedió en esas dos horas? Los Hill no supieron que contestar, aunque admitían que el retraso les pareció excesivo, tampoco en ese momento le dieron más importancia. Pero este dato, podía ser clave para esclarecer el incidente. 
Pasaron los días y cuando los Hill estuvieron más tranquilos, su amigo McDonald, les fue a visitar. McDonald, les relató que a menudo cuando un soldado esta en el frente de batalla puede sufrir un shock violento. Este hecho provoca frecuentemente una pérdida de memoria, una amnesia temporal. Para tratar este desajuste se recurre a una terapia de hipnosis médica. De esta forma se recupera aquellos recuerdos perdidos a consecuencia del trauma. Con este ejemplo, McDonald, le aconsejó al matrimonio que recurrieran a un hipnólogo.  También le comentó que había planteado la propuesta a Hohman y Jackson y que ambos se mostraron de acuerdo con ella. 
Después de reflexionarlo, Betty y Barney aceptaron la propuesta de McDonald y decidieron ponerla en práctica. Ahora lo complicado era encontrar un hipnólogo cualificado. Hohman y Jackson se ofrecieron a localizarlo.
Durante este tiempo de búsqueda, Betty y Barney decidieron, por iniciativa propia, realizar una serie de viajes a la zona del incidente con la intención de recordar o hallar alguna pista sobre el mismo que le pudiera comprender lo que les sucedía.
 La frecuencia de estos viajes fue al principio de dos o tres veces al mes, una vez allí, trataban de reproducir la situación intentando recordar algo más de lo acaecido pero no obtenían ningún resultado. La decepción y el desánimo hizo que cada vez dilataran más sus viajes.
El tiempo pasaba, era primavera de 1962, y los Hill estaban cada vez más tensos. El incidente parecía haberles dividido en dos partes sus vidas: la que conocían perfectamente hasta la noche del suceso y la posterior al incidente, que se encontraba fragmentada por dos horas perdidas y que pudieron ser determinantes al parecer. Mientras tanto, Hohman y Jackson persistían en su búsqueda sin éxito alguno.
Barney acabó enfermando, a consecuencia de su estado de ansiedad, sufrió de hipertensión y severos trastornos estomacales, degenerando en una úlcera de duodeno. Posteriormente, observó que en la zona inguinal, aparecieron una serie de verrugas que formaban un círculo casi perfecto. Alarmado, concertó una visita con el Dr. Patrick J. Quirke. Quirke le realizó una exploración y una analítica de la zona, sin hallar nada de gravedad. El doctor, siendo conocedor del incidente de Barney, le recomendó que visitara a un psiquiatra, el Dr. Duncan Stephens. Barney aceptó y en el verano de 1962 acudió a la consulta del Dr. Stephens. Barney obvió por completo el suceso, limitándose a hablar de sus problemas emocionales y sociales en las sesiones. El informe del Dr. Stephens se elaboró, como era lógico, conforme a las aportaciones de carácter personales que Barney referenció en las sesiones, por lo que el dictamen final fue que la causa de la tensión estaba originada por problemas sufridos en su infancia y juventud por su condición racial. Algo que se había agravado, en su edad adulta, al casarse con una mujer blanca.
Durante un año estuvo sometido a un tratamiento específico. Barney parecía encontrarse emocionalmente estable, por lo que el Dr. Stephens consideró que era el momento de dar un descanso a Barney.
Aunque los sueños, en el caso de Betty, habían remitido, ambos coincidían en la sensación de que algo permanecía en su interior, aletargado, recóndito y lo más inquietante; revelador. 

Continuará…
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