El Fuego Del Cortijo Pitango

El Fuego Del Cortijo Pitango


La Sierra de Filabres


El Principio
El cortijo Pitango ha pasado a la historia por ser, hace unas décadas, el primero en sufrir en la zona un curioso fenómeno que no ha vuelto a reproducirse, pero que tampoco pudo quedar aclarado por los estudiosos e informadores que acudieron a investigarlo, provocando un trágico desenlace para algunos de sus protagonistas.

En las entrañas de la sierra almeriense, en la zona de Los Filabres, término municipal de Laroya, donde estaba ubicado el cortijo, surgía al azar y de forma espontánea, un ¿misterioso fuego inteligente? de origen desconocido que atacó durante dos meses a personas, viviendas, enseres y animales haciendo intervenir a las autoridades de la época. El fuego causó estragos en la mies recolectada y dejó marcados a sus habitantes. Jamás se llegó a dar una explicación a lo sucedido, y el silencio impuesto se adueñó de la situación.

Llamas surgidas de la nada
En tarde del 16 de Junio de 1.945, la niña de ocho años, María Martínez Martínez quedó horrorizada al observar como su delantal era presa de las llamas producidas por una extraña luminaria azul que había surgido de la nada.
A duras penas pudieron ser sofocadas por algunas personas que se encontraban junto a ella y que no podían dar crédito a lo que veían. Posteriormente y en la madrugada sus gritos se expanden en la noche al resultar su camastro envuelto en llamas espontáneamente, hasta que unos jornaleros que descansaban en un cobertizo contiguo lograron apagarlas.

La Niña María Martínez que fue presa de las llamas


Nadie en el cortijo puede explicarse a lo que está ocurriendo. Lo que desconocen aún es que esa misma tarde del 16 de junio, en el caserío Franco situado en la ladera continua, varias personas han visto como un fuego procedente de ningún sitio prendía sus llamas en el trigo verde y varios capazos, sin que ningún líquido o material tomara contacto con ellos.

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Se da la voz de alarma en el pueblo y algunos curiosos se acercan a comprobar con sus propios ojos lo que se comenta de unos a otros, pudiendo observar con sus propios ojos las quemaduras sufridas en la pequeña y en otros enseres.
Se avisa a las autoridades las cuales se disponen a intervenir enviando a personal cualificado sin tiempo que perder, pues ante la presencia de los primeros guardias civiles llegados al lugar, en la cortijada de Estella, la techumbre de la casa de Jesús Martínez Morales, la despensa con los embutidos almacenados, la cuadra y varios enseres de labranza se quemaban merced de las llamas sin saberse qué las había producido.

Al día siguiente la tragedia se expande al resto de las cortijadas. En la de Miguel Acosta han ardido albardas, sillas, artesas colgadas en la pared? hasta una gallina que estaba empollando. Alfredo Rubio Sola ve perplejo como comienzan a arder los pies de su madre, que logra sofocar con ayuda de una manta. Colchones y almohadas se prenden solos y el ganado también sufre la maldición del misterioso fuego.

El 24 por la tarde se producen más de cien. Falta gente para extinguir los incendios y cuando se llega hasta ellos las llamas desaparecen furtivamente. Todos están aterrados incapaces de comprender que es lo que está ocurriendo en su comarca, incluso el párroco Luis Silverio se pasa día y noche tocando las campanas a fuego para avisar a la población.

A las preguntas de los investigadores, Ramón Rubio Doménech declaró que justo antes de que comenzaran los fenómenos de la combustión, fue testigo de la aparición de una figura que se le asemejó la de un niño y que de repente surgió de los montes. La figura tenía aspecto de estatua o esqueleto, estaba envuelto en luces de fuego y sus pies no posaban el suelo, sino que parecía que flotaba.
A continuación la figura desapareció y nunca se le volvió a ver. A partir de ahí empezaron los fuegos.

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Mientras los científicos investigaban comenzaban de repente a prender los pesebres, las orillas de los ríos, la comida de los animales, los objetos se quemaban de arriba abajo.
Manuel Medina sufrió el asombro de ver en el cielo se una bola blancas que lo iluminaba todo como si fuese de día y que fue bajando hasta pasar por encima de él. Era algo que volaba sin marcas de ningún tipo y en silencio. Cuando logró sobreponerse lo puso en conocimiento de los científicos que seguían sin dar con la causa del misterio.

A lo largo de dos semanas los episodios continuaron sucediéndose frecuentemente. Nada ni nadie era capaz de parar la combustión espontánea que estaban padeciendo, y lo que es más, nadie encontraba una explicación al suceso.

Pasado este tiempo, y en vista de que las investigaciones seguían sin dar resultados, La Gobernación ordena el regreso de los investigadores, los cuales han elaborado un detallado informe, habiéndose mostrado reticentes a hacer públicas sus investigaciones ante los vecinos. Callaban ante las preguntas de los moradores de la zona o respondía evasivamente

Análisis y conclusión de los científicos
Del reconocimiento y pruebas efectuadas por la comisión encargada por el excelentísimo Gobernador Civil puede deducirse que los sucesos no han sido originados por actividad volcánica, ni por trastornos geológicos que hayan dado lugar a desprendimiento de materias en ignición, ni gases inflamables. El origen de los incendios no se halla en manifestaciones internas ni en la superficie del terreno. Tampoco cabe achacar la causa a fenómenos eléctricos ni a la ionización de la atmósfera, ni a efectos térmicos de radiaciones solares. En resumen, no hay una causa definida a la que pueda achacarse todos los sucesos ocurridos y debe desecharse, desde el primer momento, toda sospecha de que hayan sido provocados por la mano del hombre. Se ha producido verdadero pánico, obligando a las gentes a tener en la calle sus modestos ajuares y vituallas. Es de esperar que el suceso no tenga repetición. Almería, 30 de junio de 1945.
Luego se marcharon.

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Un epílogo trágico
María Martínez Martínez, la primera protagonista de los sucesos se pasó la vida creyendo que algo maligno la había visitado. Fue conocida como la niña del Fuego porque por tres veces tuvo en su cuerpo las llamas azuladas. Traumatizada y desequilibrada por los episodios puso fin a su vida ingiriendo sosa caústica, siendo seguida en la tragedia por su hermana mayor, que se arrojó por un barranco y por su padre José Martínez, que se ahorcó en el interior del mismo cortijo Pitango.

Tumba de la Familia Martínez

La muerte de los tres se llevó el secreto a sus tumbas, dejando en mente de todos que el motivo de la tragedia fue la presión a que las autoridades los tenían sometidos para que mantuviesen silencio, ocultando así las cosas nunca dichas que la familia habría presenciado en su cortijo, reducido hoy a las ruinas de un caserón colgando de la ladera de un monte.

Fuente de Datos:
*”Enigmas y Leyendas de Almería” – Alberto Cerezuela”

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