EL COMETA DEL FIN DEL MUNDO

EL COMETA DEL FIN DEL MUNDO

Cientos de profecías advirtieron de la llegada a la Tierra de un enorme cometa que podría arrasar la vida sobre el planeta Tierra. Hay quien asegura que la catástrofe tendria lugar en julio de 1999. Aunque no existen evidencias de que ningún astro peligroso se esté acercando, esta probabilidad ha inquietados al hombre durante siglos.
En algún lugar al este el océano Atlántico. 20.00 horas del 5 de junio del año 8498 antes de Cristo… El Sol había empezado a recogerse, pero su anaranjada luz de atardecer aún pulsaba sobre el horizonte, dibujando siluetas doradas sobre un mar todavía en calma. La quietud dio paso a una espesura en el silencio premonitoria: de repente, un inmenso objeto esférico, en llamas y dejando tras de sí una deslumbrante “cola” luminosa “rompió” la atmósfera. Segundos después, estalló, dibujando sobre el cielo un cortejo de piedras cómicas lagrimeantes que fueron impactando contra tierra y mar. A los temblores le sucedieron la formación de inmensas olas que, en cuestión de horas tragaron todo atisbo de civilización…

¿Es esta descripción fruto de la fantasía? Tal vez sí, ¿o no? La cuestión que es que fue presentada con cierto rigor científico por el físico alemán Otto Muck en 1976 para exponer las causas que provocaron el fin del mítico continente de la Atlántida, una gran masa de tierra que a modo de continente se supone -basándose en ciertos textos históricos determinadas evidencias arqueológicas- existía en el Atlántico y sobre el cual se habría desarrollado hace diez milenios una cultura que pudo haber sido la madre de las que se desarrollaron posteriormente. Muck, para datar la catástrofe, comparó las fechas del comienzo del calendario maya con antiguas indicaciones astronómicas. En su opinión, las millares de bahías ovales de Carolina del Sur y Georgia, y las numerosas cavidades del Atlántico cerca de la costa oeste norteamericana, indican que una lluvia de cuerpos celestes provocó una magna catástrofe hace 10.000 años, justo el tiempo medio que calculan los científicos que existe entre grandes colisiones cósmicas contra la Tierra. Si el cálculo se cumple, el nuestro es el tiempo del fin…

1999, año de la catástrofe según Nostradamus
“Estrella cabelluda”, “astro cirinita” o “espada de fuego” son algunos de los términos que utiliza Nostradamus en sus profecías para aludir a los cometas. Tales alusiones no parecen ser más que referencias temporales a los acontecimientos que el profeta de Salón predijo. Sin embargo, un pequeño puñado de cuartetas -nombre que reciben sus poemas proféticos agrupados en diez “centurias” si parecen hacer alusión a la caída sobre la corteza terrestre de alguno de estos astros celestes. Una de ellas, la que hace el número 43 de la Centuria II, advierte de que un cometa golpeará desde el cielo la paz de la Tierra. Otra cuarteta, a la sazón la más popular y conocida de todas, ofrece una fecha para datar la llegada de un “gran terror” procedente del cielo: julio de 1999. Tal y como señala en su compendio profético J. R. Jochmans, Los truenos que arrasarán al mundo, Nostradamus dice que la “montaña esférica” mide siete estadios, una antigua medida griega equivalente a 400 metros, suficientes para provocar convulsiones no recordadas jamás, pero no -y en ello coincide con otros profetas- para borrar la vida del planeta. En su investigación, el astrólogo Lice Moreno deduce, basándose en los datos astronómicos que expone Nostradamus, que la llegada del “cometa” tendrá lugar antes de 22 de julio, dato que ofrece en la sexta cuarteta de la sexta centuria… ¿Se trata este poemilla de una alusión encriptada a la relación del “cometa” con la Bestia 666 del Apocalipsis?

Una pista al respecto fue proporcionada a AÑO CERO por el astrónomo chileno Carlos Muñoz Ferrara, quien basándose en ciertas anomalías orbitales de la Tierra dedujo que un astro celeste se estaba acercando peligrosamente a la Tierra a una velocidad de… 66 km./h. Según sus previsiones, el “cometa” o “asteroide” podría entrar en nuestro campo de influencia el 11 de agosto de 1999, tan sólo unos días después de la fecha ofrecida por Nostradamus. En esa fecha, curiosamente, se prevé un eclipse solar que será observado desde toda Europa. ¿Casualidad?

Del apocalipsis a nuestros días
“El tercer ángel tocó la trompeta y cayó del cielo un astro grande, ardiendo como una tea, y cayó en la tercera parte de los ríos y en la fuente de las aguas. Es nombre de este astro es Ajenjo”, asegura San Juan en su Apocalipsis. Quizá por la influencia de la revelación de la isla de Patmos, esta profecía ha quedado reflejada por cientos de videntes, “incrustándose” en el inconsciente colectivo como un paradigma para el fin de nuestra civilización. Quizá por ello, el paso de cometas cerca de la Tierra ha sido, desde tiempos remotos, asociado a catástrofes. Y aunque esta hipótesis es estadísticamente indemostrable, los cometas siempre han sido objeto de fascinación y temor, lo que quedó demostrado en 1986, cuando el Halley efectuó su último paso cerca de la Tierra. Entonces, decenas de supuestas revelaciones proféticas en forma de libros alimentaron ese miedo latente, que se acrecienta a medida que se acerca el fin del milenio.

Por ello no es de extrañar que durante este siglo videntes de todo tipo y pelaje hayan hecho alusión a la llegada del destructor “cometa”. Una de ellas es la norteamericana Jeane Dixon, una de las más populares del mundo. Aseguró que “antes de finales de siglo la Tierra va a conmoverse”. La causa será la incursión en la atmósfera de un cometa que provocará una gran subida en el nivel de los mares del planeta, a la par de inevitables terremotos y maremotos. Otro conocido vidente americano, Criswell, precisa que el lugar del impacto será el océano Índico. Al igual que la “profetisa”, concluye que el impacto provocará terribles maremotos que barrerán el este de África, ciertas partes de Arabia, la India, el sudeste asiático y la mitad occidental de Australia. En suma, un auténtico cataclismo que cambiará la faz de un planeta que será, aún, más azul.

En los últimos años, las profecías efectuadas en la primera mitad del siglo por el vidente argentino Solari Parravicini, han cobrado inusitado interés ya que los estudiosos han demostrado como este peculiar personaje fue capaz -mediante una combinación de crípticos textos acompañados de dibujos- de trazar una acertada semblanza del mundo moderno. Un mundo que según dichas premoniciones será amenazado en el año 1999 por un “espanto” que caerá del cielo con forma de cuerpo incandescente y gran estela que se estrellará contra la Tierra provocando una incesante lluvia de demoledores meteoritos.

Del estudio sistemático de las cientos de profecías que aluden al “cometa del fin del mundo”, cabe deducirse que su presencia será detectada por sorpresa y casi sin tiempo para la reacción. Por lo tanto, es de suponer que, o bien se trata de un cometa de largo periodo del que aún no existe constancia, o bien es un asteroide que viaja errático a través del cosmos. Los mismos indios Hopi, en sus textos proféticos hablan de “una gran estrella azul, lejana y antes invisible” que traerá lo que ellos han llamado el “Gran día de la purificación”, atribuyendo al “cometa” -al igual que han hecho innumerables profetas- un cariz más allá de los cósmico y cercano a lo religioso. Una característica que también reflejaron Rachel Adams y Alfredo Bonicelli en su obra Alerta, humanidad, que expone, desde un punto de vista carismático cientos de profecías. Por ejemplo, en su interpretación de los lemas de San Malaquías -que desde el año 1144 predijo la llegada al Vaticano, uno por uno, mediante una breve sentencia en latín, de todos los Papas hasta el fin de la humanidad- aseguran que el lema correspondiente a Juan Pablo II, “De Laboris Solis”, puede ser una alusión evangélica del oscurecimiento del sol que, según algunas interpretaciones, podría sobrevenir durante tres días al impacto del cometa.

Otro sorprendente texto profético, que según la investigadora Josane Charpentier tiene origen masónico, es la llamada “Profecía de Premol”, hallada en una cartuja francesa del mismo nombre cercana a Grenoble en el año 1833, aunque se supone data de la segunda mitad del siglo XVII. En el verso 37 de la larga oda se profetiza la llegada de una “antorcha que no es el Sol y que vendrá por donde sale el Sol”. Al final de la profecía, e desconocido autor se sobrecoge y escribe: “Y oí cánticos que desde la tierra se elevaban a los cielos. Luego vislumbré en el horizonte un fuego ardiente. Y mi vista se turbó y no oí nada más. Y el espíritu me dijo: he aquí el comienzo del fin de los tiempos… Y me desperté horrorizado”. Inquietante…

… Pero no tanto como la profecía -también anónima- impresa en alemán en Leipzig en 1848. Poco se sabe de su autor, salvo que se trataba de un monje polaco. Para el año 1988 predijo la llegada de un cometa que “aparecerá en los cielos y causará una tremenda explosión en la Tierra que hará elevarse a los océanos”. ¿Se equivocó el monje? Es evidente que sí, al menos en diez años. La profecía merecería ser desechada de no ser que en el texto se anuncian las dos guerras mundiales y el uso de la bomba atómica con… ¡un error de varios años de anticipación! A pesar de todo, el texto advierte que dicho “cometa” no será la causa de la destrucción de la civilización al completo, lo que sí ocurrirá, por motivos similares, en el año 2000: “Las estrellas y loscometas caerán del cielo; toda la Tierra arderá a causa de los rayos que se abatirán sobre ella, y la vieja tierra desaparecerá”.

Las apariciones también lo predicen
Francisco Sánchez Ventura, un empresario aragonés, es sin duda el más ferviente defensor de las apariciones marianas en nuestro país. A comienzos de 1995, me aseguraba que se aproximaba el tiempo del fin. Pocos antes había escrito un libro titulado Hemos entrado en la década final que, en base a los supuestos mensajes dictados por la Virgen a videntes de todo el planeta, hacía un repaso de los acontecimientos que anunciarán el fin.

El sustento profético de Sánchez Ventura eran las apariciones de la Virgen en Garabandal entre 1961 y 1965, que el potenció y “alimentó”. Asegura que según la Virgen llegará un “aviso” y un “milagro” poco antes del fin. José Luis de Urrutia, en un folleto titulado El tiempo que se aproxima asegura que el “avisó” hará parar a todo el planeta: “… se producirá en el cielo, se puede morir de la impresión al verlo; empieza por la letra A (¿de asteroide? ¿Un cometa, un astro ; será como de fuego, pero no nos quemará”. No pocos carismáticos creen que la “A” es una alusión al astro del Apocalipsis, Ajenjo, del que antes hemos hablado. Conchita González, la principal vidente de Garabandal, guardó en secreto, durante años, la fecha de ese Aviso. Y la depositó en la confianza de Sánchez Ventura. El día se reveló -aunque no procedía probablemente del empresario la filtración- y el 13 de abril de 1995, más de 10.000 seguidores de Garabandal se reunieron en el lugar de las apariciones esperando una señal que no se produjo.

Junto a las apariciones santanderinas de Garabandal, las ocurridas desde comienzos de los ochenta en El Escorial son las más conocidas de todas. La vidente, Amparo Cuevas, asegura que antes del gran castigo que asolará el planeta “habrá un aviso del cielo: el astro Eros iluminará la Tierra y parecerá que el mundo está en llamas, durante veinte minutos. Muchos morirán de la impresión…” A continuación el castigo: los harto profetizadas tres días de oscuridad. “Nadie escapará de ese castigo -nos explica Amparo Cuevas, alimentando el catastrofismo mesiánico de sus seguidores- que consistirá en que los astros chocarán contra la Tierra… Y destruirá a dos terceras partes de la humanidad”.

Dentro del contexto de las apariciones marianas, el anuncio de la llegada de un “cometa” destructor es una de las profecías más repetidas, recibiendo el astro el nombre de “gran bola de la redención”, expresión que se presta, con toda la razón, a dobles interpretaciones. Por eso de la bola… Pero a lo que íbamos: otra conocida vidente, Verónica Leuken, protagonista de unas apariciones en Bayside (Nueva York) dice que la “bola” parecerá un sol y lleva años avanzando hacia nosotros. “Atraviesa el cielo vertiginosamente dirigiéndose hacia la Tierra, girando y produciendo un gran calor”, asegura Leuken, que explica que tras el impacto con la Tierra ve “ciudades ardiendo y la multitud corriendo despavorida; el aire era espeso y falto de oxígeno; todo será bruma densa y gruesas piedras cayendo del cielo; las olas del mar se levantan y avanzan hacia tierra firme…” La vidente no dio una fecha concreta, pero sí aseguró que la catástrofe ocurriría después de los años ochenta.

Otras populares apariciones vienen ocurriendo en Akita, Japón. Allí, la Virgen, teóricamente, dijo: “si los hombres no rectifican caerá fuego del cielo y una gran parte de la humanidad será aniquilada”. Un mensaje que resulta bien similar al difundido por la hija espiritual del estigmatizado Padre Pío, Elena Patriarca Leonardi, quien anunció en 1977 “un terror con forma de fuego que desciende del cielo”. En las apariciones holandesas de Heede (1937-40) la Virgen, supuestamente dijo: “Una enorme bola blanca o astro infernal se acerca atraído por las maldades del hombre; es una estrella del infierno que causará una terrible devastación”. Y así la lista sería interminable.

Como el lector habrá deducido, las profecías del “cometa” o “astro” divulgadas en los entornos aparicionistas incluyen un factor humano en el peligro: es el hombre, quien con sus males, provoca el acercamiento del “cometa”, que actuará como un castigo divino. Una interpretación que, sin duda, provoca nuestro recelo y contrariedad, debido a lo excesivamente moralista de dichos mensajes. La llegada del astro fue profetizada por la beata Ana María Taigi, fallecida en 1837, como una purificación (¿purificación de la Tierra. Pocas décadas después, la francesa María Julia Jahenny anunciaba “prodigios en el cielo que serán castigos”. Por su parte, la vidente Sor Elena Aiello, recibió un mensaje en 1950 que ya mencionaba el Aviso de Garabandal como una señal en el cielo. Cinco años más tarde, ampliaba la profecía y aseguraba “nubes como resplandor de incendio aparecerán en el cielo”. Tras la “tempestad de fuego que abatirá al mundo” llegarán 70 horas de tinieblas, lo que coincide con otros texto proféticos y mensajes revelados que prevén tres días de plena oscuridad. En otras apariciones acaecidas a mediados de este siglo en Canadá se habla de “estrellas ardientes que convertirán en ceniza todo lo que está contaminado por el pecado, llenándose el aire de gases venenosos, de azufre y humo sofocante”.

Contactados con extraterrestres
El 26 de mazo de 1977, la policía de San Diego hallaba en un rancho de Santa Fe, los cuerpos sin vida de 39 personas pertenecientes a la secta Puerta al Cielo, liderada por un supuesto contactado con extraterrestres llamado Marshall Appelwhite. Todos, incluso el líder, se habían suicidado… Su objetivo era desprenderse de sus cuerpos para subir a bordo de una nave extraterrestre que aseguraban viajaba en la cola del cometa Halle-Bopp, el más espectacular -y desconocido hasta poco tiempo antes- de los cometas que han pasado cerca de la Tierra en el último siglo. El dramático episodio fue la muestra más contundente de cómo la profecía del “cometa” -extendida y peligrosa en partes iguales- puede provocar comportamientos destructivos. El 15 de febrero de ese mismo año, los miembros del grupo dieron a conocer la última profecía al respecto: “El Hale-Bopp afectará a este planeta, que será limpiado. Ofrecemos una salida a quienes estén suficientemente despiertos para ver que necesitan marchar para sobrevivir”. Y convencidos de que el cometa del fin del mundo llegaba ya, se “despojaron” de sus cuerpos…

Otro grupo de contactados, Fraternidad Cósmica, liderado por Eugenio Siragusa y el estigmatizado italiano Giorgio Bongiovanni, aseguró en julio de 1997 que “en Agosto de 1991, un astro de 35 kilómetros entrará en contacto con nuestra atmósfera”. Construyeron, incluso, varios refugios para prevenirse de las consecuencias del impacto. Nunca se cumplió la profecía, lógicamente. Como tampoco se cumplió la anunciada en 1974 por Sixto Paz, el líder de la Misión RAMA, un grupo de jóvenes peruanos que aseguraron haber establecido contacto con los habitantes de Ganímedes, una de las lunas de Júpiter. Según explicó Paz, cuando el Halley pasara cerca de la Tierra en 1986, “provocará por su excesivo acercamiento una inclinación en el eje del planeta, causando grandes catástrofes”. Tampoco se cumplió la profecía, pero no dudaron en mencionar al mítico Hercóbulus, un enorme cuerpo estelar, cuya existencia nadie ha podido demostrar pero que se menciona en diversos textos esotéricos, que estaría acercándose a la Tierra, lo que por otra parte haría cada 6666 años. De momento, a pesar de que las fechas para las catástrofes anunciadas por Sixto Paz han pasado ya, en 1991 me declaraba: “el cambio de actitud para bien de los hombres ha provocado que las profecías se estén cambiando: nosotros, con nuestro comportamiento, podemos cambiar la ruta del Hercóbulus”. ¿Una excusa? Otro contactado sudamericano, Máximo Camargo, que hace diez años protagonizó unas sorprendentes experiencias OVNI, anunció para un futuro no muy lejano la llegada de este astro, el Hercóbulus, que no sería otra cosa mas que la Bestia 666 del Apocalipsis. Fue más allá asegurando que este cuerpo celeste provocará la destrucción de todo el sistema solar…

…Y el Sistema Solar acabará destruyéndose. Así lo dicta la Ley Natural. Dentro de unos cuantos miles de millones de años, el Sol estallará engullendo a su paso todo lo que encuentre. Para entonces, posiblemente, esta amenaza, la única real que conozco, quizá ya no tenga nada que destruir en la Tierra porque si algún día la vida desaparece sobre la faz de este planeta, la causa no habrá que buscarla en cometas, meteoritos o asteroides, sino en nosotros mismos. Las profecías están para no cumplirse y ejercitar otra labor: sublimar los miedos del hombre. Pocos augurios se han cumplido, y la llegada de un cometa a la Tierra no debe ser una excepción. Algunos necesitarán esperar a que pase el año 2000 para respirar tranquilos. Otros, en cambio, preferimos preocuparnos de lo que está ocurriendo aquí, porque la única verdad es que desde diferentes ámbitos de las manifestaciones paranormales se trata de infundir miedo y temor, y las consecuencias que pueden acarrear las explotaciones espirituales de estas dramáticas profecías son más peligrosas que lo que ocurre en el Cosmos. Sólo así evitaremos que desgracias como las ocurridas en el rancho de Santa Fe se repitan…

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