El Caso Travis Walton por Pedro Segura (llenodestrellas)

El Caso Travis Walton por Pedro Segura (llenodestrellas)

Siguiendo con el tema de las abducciones, este segundo caso que podréis leer a continuación, está enmarcado dentro de aquellos que, debido a la ausencia de pruebas que demuestren su falsedad, siguen siendo actualmente una incógnita. Un caso similar al del matrimonio Hill, pero con un mensaje distinto e inquietante para la persona que lo experimentó.
Snowflake (Arizona) 5 de noviembre de 1975. 
Aquella noche, Travis Walton, un joven de 22 años, finalizaba su jornada en el Parque Nacional de Sitgreaves, donde realizaba sus funciones como empleado forestal. Sus compañeros, como era habitual, le esperaban en la camioneta que le llevaría de vuelta a casa. 
Todos ellos formaban el equipo de madereros del Parque Nacional de Sitgreaves. Travis, era el más joven de todos y también el más inquieto del grupo. Su mejor amigo, Mike Rogers, era operario en una empresa maderera y lo había contratado para ayudar a retirar matorrales y maleza de la zona.
Travis se encontraba sentado al lado del conductor conversando animadamente. Se hacía de noche y todo transcurría como cualquier otra noche de regreso a casa ¿por qué tenía que ser diferente esta? 
Cuando comenzaban a salir del parque, Travis detecto un destello procedente de una zona ocultada por la arboleda, era un resplandor diferente al que cualquier linterna o foco de un automóvil pudiera causar. Se giró para advertir a sus compañeros y contempló que todos miraban en la misma dirección, también ellos habían presenciado la luminosidad surgida de entre los árboles. La luz permanecía inmóvil en el mismo lugar, su color azulado, hizo que descartaran que pudiera tratarse de un incendio y detuvieron el vehículo. Todos observaban en silencio aquella extraña luminaria suspendida en el aire. No lograban distinguir que era aquello y nadie se atrevía a salir de la camioneta. De repente, aquella luz se inclinó mostrando su forma discoidal y de color plateado, algo que irremediablemente hacía pensar que podría tratarse de un objeto metálico, y no de una simple luz. 
La situación de asombro, se transfiguró en miedo. En el interior de aquella camioneta la tensión era insoportable, nadie sabía cómo actuar, hasta que un portazo en la cabina del copiloto les devolvió a la realidad. 
¡Travis!¡Travis regresa! Gritaron sus compañeros. 
Caminaba en dirección a esa luz sin que aparentemente les escuchara. 
– ¡Tenemos que impedirle que continúe!- 


– ¡No sabemos que es esa luz! 

Cuando Travis se encontraba casi debajo de aquel extraño objeto, éste comenzó a emitir un fuerte zumbido, seguidamente proyectó un haz de luz azulada hacia Travis que le envolvió elevándolo del suelo. Todo ello, ante la mirada atónita de sus compañeros que se encontraban paralizados por el miedo. A continuación, Travis fue lanzado violentamente a más de tres metros contra el suelo. El pánico se desató en aquellos hombres que desde la distancia habían sido testigos del incidente y huyeron con la camioneta a toda velocidad de aquel lugar.
Todo era caos y confusión entre ellos y cuando comprobaron que aquel objeto no les seguía detuvieron el vehículo. Discutían entre ellos y se culpaban mutuamente de no haber intentado ayudar a Travis hasta que finalmente decidieron retornar para buscarlo.
Pero Travis no se encontraba allí. Este hecho, les provocó una ansiedad desmedida y comenzaron a gritar su nombre esperando que se encontrara deambulando por la zona. No hubo respuesta. Buscaron y buscaron por todas partes pero Travis… había desaparecido.
Y esta fue la descripción que relataron telefónicamente al ayudante del sheriff Chuck Ellison y posteriormente al propio sheriff Marlin Gillespie de la desaparición de Travis cuando llegaron al pueblo. La policía, ante la increíble versión de los hechos y las sospechas que les suscitaba, obligó al grupo a regresar con ellos a la zona donde se produjo el incidente para detallarle con exactitud la ubicación y buscar de nuevo a Travis.  
Al día siguiente, se organizaron grupos de voluntarios que trabajaron en conjunto con los agentes policiales para rastrear la zona. También helicópteros de la policía y de los bomberos sobrevolaron el lugar. Ninguna de las acciones emprendidas lograron su cometido, oficialmente Travis Walton había desaparecido.
En los días posteriores, la noticia transcendió a los medios informativos y el pequeño pueblo de Snowflake (Arizona) fue invadido literalmente por investigadores, periodistas, ufólogos, etc. Organizaron nuevas exploraciones, a pie, en vehículos, a caballo, con perros sabuesos e incluso con helicópteros. Nada, sin rastro alguno de Travis Walton. La incredulidad creció entre la población ante la versión declarada por el grupo sobre la desaparición de Travis.
El sheriff Gillespie volvió a analizar la declaración que realizaron en conjunto aquellos hombres y cada día que pasaba le resultaba más difícil de aceptar. La sombra del homicidio planeaba sobre el grupo. A raíz de ello, la situación se convirtió en un infierno para aquellos cinco hombres que fueron acusados de asesinato. Socialmente se produjeron juicios paralelos afirmando que la abducción era un fraude para encubrir el crimen cometido por aquellos hombres. La situación se agravó al revelarse que uno de ellos tenía antecedentes penales y todas las sospechas se centralizaron en él. 
Ante la presión social, el sheriff  Gillespie, reunió a sus agentes y resolvieron someterlos, por segunda vez, a un interrogatorio individual en compartimientos aislados. En ningún momento, una vez más, se produjo contradicciones en las declaraciones. Solo les quedaba pasar una última prueba; la del polígrafo (el detector de mentiras). 
El 10 de noviembre, cinco días después del incidente, fueron sometidos al detector de mentiras. La sorpresa fue mayúscula en el momento que el polígrafo Cy Gilson presentó su informe del examen en el que se decía: “Que habían dicho la verdad y por tanto pasaron la prueba“.
El caso seguía abierto, Travis Walton continuaba desaparecido, no había cadáver, por lo que no se podía certificar muerte alguna. Y después de toda la investigación llevada a cabo, tampoco se podía relacionar con un caso de homicidio. ¿Qué le había sucedido a Travis Walton aquella noche del 5 de noviembre? y lo más desconcertante: ¿Dónde estaba? Pero algo estaba a punto de suceder que cambiaría la situación.
Aquella misma madrugada, la hermana de Walton recibe una llamada telefónica, cuando contesta, una voz suplica que le ayude que se encuentra en una cabina telefónica en la estación de gas Heber, aquella voz se identifica como Travis Walton. Al principio, su cuñado Grant que es quien contestó a la llamada, no da crédito a lo que escucha y piensa que se trata de otra de las tantas bromas pesadas que fueron recibiendo desde la desaparición de Travis.
¡Grant, soy yo! ¡Necesito ayuda, por favor, ven a por mí!
Sin duda alguna era él, era Travis. Salieron de inmediato hacia la dirección indicada por Travis. Lo encontraron desplomado al lado de la cabina de donde había realizado la llamada telefónica. Estaba desorientado, en su semblante se reflejaba el miedo que había padecido y murmuraba constantemente las palabras “seres, horribles, ojos, muchos ojos” Estaba vestido con la misma ropa que tenía el día de su desaparición.
Travis reaccionó cuando le abrazaron y comenzaron a llamarle por su nombre, en sus ojos se transmitía el consuelo que le suponía volver a verlos, se sintió protegido. Desorientado, Travis preguntó cuantas horas habían pasado desde que desapareció. La respuesta recibida, de que había estado casi una semana desaparecido, le sumió en un profundo estado de perturbación.
Regresaron a casa y una vez allí, Travis les relató lo que le había sucedido:
No recuerdo como baje de la camioneta, ni que fue lo que me impulsó ir hacia aquella luz. Pero si recuerdo con claridad como aquel haz de luz azulado atravesó mi cuerpo. No sentí daño alguno. Solo una sensación de ingravidez y seguidamente perdí el conocimiento. Desperté sentado en un sillón reclinable. Apenas podía abrir los ojos, ya que había una luz intensa sobre mi cabeza que me lo impedía. Era extraño, pero no sentí miedo alguno. Creía que me encontraba en la habitación de un hospital. Pasados unos minutos, noté que no me encontraba solo en aquella habitación. Unas sombras comenzaron a surgir de la oscuridad rodeándome. Cuando se posicionaron a mi altura, la luz que me alumbraba, me permitió ver que su aspecto no era humano, desde luego donde me encontraba no era un hospital. Vestían con una especie de mono anaranjado. Al intentar incorporarme, noté como todo mi cuerpo me dolía, también sentí dificultades para respirar. Tenía mucho miedo ante la presencia de aquellos seres que me miraban fijamente y en silencio. Les grité que se fueran que me dejaran en paz, pero no produjo efecto alguno sobres esos seres que permanecían inmutables, observándome. Mi angustia crecía por segundos. Miré a mí alrededor y cogí un tubo cilíndrico, aparentemente de cristal, para romperlo y hacer un cuchillo improvisado, pero por mucho que lo intenté, aquel tubo era irrompible. Mi desesperación hizo que me abalanzara sobre uno de aquellos seres y le empujase con todas mis fuerzas. Ante ese gesto, aquellas criaturas, fueron desalojando la habitación. Aproveché y salí corriendo fuera de la habitación. Me dirigí por un pasillo que daba a otra habitación adyacente. Algo me hizo mirar hacia el techo. Y vi proyectada estrellas y galaxias, como si de un planetario se tratase. En el centro de la habitación había una silla, el brazo izquierdo de la silla tenía una especie de joystick que manipulé y observe que las estrellas proyectadas giraban a mi alrededor. Continué con mi huída volviendo al pasillo donde divisé una especie de rectángulo en la pared que semejaba una puerta. Me dirigí hacia ella pero un ruido detrás de mí hizo que me girara. Entonces lo vi, era, o al menos a mí me pareció, un ser humano. Vestía con un traje azul y un casco de vidrio. Cuando me acerqué a él, sus ojos eran anormalmente grandes y de color dorado. Pero no sé por qué razón me inspiró confianza. Comencé a preguntarle por lo que me estaba pasando. Le roge que me hablará que me ayudara…el me ignoró y me condujo a una habitación. Allí había otros seres humanos como yo. Me obligaron a sentarme en una mesa con ellos. Estaba a punto de perder la cordura. No resistía por más tiempo esa tensión. Tiritaba y un sudor frio recorrió todo mi cuerpo. Uno de ellos me puso una máscara de oxígeno y perdí de inmediato el conocimiento. Cuando lo recobré estaba tumbado al lado de la cabina telefónica.”
Después del asombroso relato, vendría la parte más trascendental del incidente; el impacto social que la vuelta de Travis causaría.
Como era de esperar el regreso de Travis Walton conmocionó al pueblo y parte de la sociedad americana. Cuando Travis se encontró con sus compañeros, estos se sentían profundamente avergonzados por su conducta al haberlo abandonado. Inmediatamente fueron retirados los cargos imputados a sus compañeros. La policía tenía otra investigación que realizar: la reaparición de Travis Walton.
Una vez que la policía escuchó el testimonio de Travis Walton, la conclusión que obtuvieron fue semejante a la del incidente de la desaparición. Un relato fantástico que desafiaba todo lo conocido hasta entonces y que desde luego era difícil de creer. La experiencia con el grupo sirvió que sin dilación alguna sometiera a la prueba del polígrafo a Travis Walton.
Una vez más el resultado fue positivo: Travis Walton decía la verdad. Travis Walton se convirtió en un personaje público.
Mediante posteriores sesiones hipnóticas, Travis, fue aportando más datos de lo acontecido a bordo de esa supuesta nave extraterrestre, con lo que el testimonio obtuvo una dimensión desmesurada. Convirtiéndose en uno de los casos más famosos de abducciones extraterrestres. 
En 1990 publicó Fire in the sky, The Walton experience, (Fuego en el cielo, la experiencia de Walton), un libro que relataba su historia. 
En 1992, dicho libro fue adaptado al cine y surgió una película del mismo título Fuego en el cielo
En 2009, Travis Walton fue invitado a un show televisivo, The Moment of Truth (El Momento de la Verdad). Allí, fue sometido a la prueba del polígrafo, y sus respuestas fueron las mismas. Pero el informe del polígrafo registró que había mentido cuando respondió “” a la pregunta de si había sido abducido por un ovni en 1975. Aprovechando dicha situación, el presentador intenta desacreditar a Travis e incluso se burla de él. Travis muestra su disconformidad, y solicitaría a la “Global Polygraph Network“, un estudio del procedimiento utilizado en el programa. Una vez realizado, se determinaría que el mismo, fue incorrecto y el informe quedaría anulado.  
Pero las dudas ya estaban sembradas y para un sector de la opinión pública, no estaba todo tan claro. El hecho de que los familiares demorasen el comunicado del retorno de Travis levantó sospechas sobre la autenticidad del caso. Se pensó que dicho retraso fue utilizado para urdir un complot y obtener un beneficio económico, Mike Rogers, amigo y contratista de Travis, atravesaba una situación económica delicada y sin duda dicha experiencia podría reportarle beneficios económicos especialmente a él y al resto de sus compañeros como ya lo estaban consiguiendo.  
Philip Klass, un escritor de origen británico especializado en novelas de ciencia ficción, se mostró muy discrepante con el incidente de Travis Walton. Según éste, el rapto que Travis Walton sufrió y lo que experimentó en el interior de la nave espacial solo fue atestiguado por él mismo. Por lo tanto no existe corroboración del suceso, permaneciendo como un relato subjetivo. Y también utilizó el informe del polígrafo, emitido por el show The Moment of Truth, para apoyar su teoría negando que se realizara incorrectamente.
Sin embargo, nunca, ninguno de estos movimientos, pudieron demostrar que Travis Walton mintiera. Solo sirvieron para que adquiriera mayor notoriedad. La duda, desde luego, continuará planeando sobre el suceso, pero este es uno de los pocos casos de abducción que hasta la fecha no ha podido ser desmentido. 
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