Cementerio San José De Cádiz

Cementerio San José De Cádiz


El cementerio de San José, de Cádiz, es uno de los tantos lugares en los que cuentan que se producen fenómenos paranormales, apariciones y sonidos extraños, según cuentan de personas que ya partieron hacia otro lugar y que intentan de algún medio ponerse en contacto con nosotros. Dicen que son almas que vagan perdidas entre dos mundos o espacios diferentes, tristes y desoladas ánimas que aún no han encontrado su paz, a pesar de que en los últimos tiempos se están trasladando muchos restos de fallecidos a otro nuevo cementerio a partir de 1992, fecha en la que cesaron allí los enterramientos una vez agotada su capacidad.

Su Historia

Hasta 1787 los enterramientos de los fallecidos en la ciudad se venían enterrando en suelo adyacente a las iglesias y hospitales, hasta que Carlos III firma una Cédula Real en la que se prohíben este tipo de enterramientos en suelo urbano.
El cementerio se construye fuera de las murallas de Cádiz, respetando las 1.500 varas con respecto a la fortificación, según ordenaba la Junta de Fortificaciones.

El proyecto del nuevo cementerio le fue otorgado a don Torcuato Benjumea, pero debió de adelantarse por un brote de fiebre amarilla que asoló Cádiz, y que obligó a acelerar la inauguración del nuevo Campo Santo.
Por falta de capacidad, el cementerio se tiene que agrandar en 1900, y de nuevo volvieron a ocuparse casi todas las sepulturas cuando en 1947 Cádiz sufrió la tremenda explosión de sus polvorines en el que perecieron 152 personas. Todos estos fallecidos fueron enterrados en la parte nueva del cementerio.

Los fenómenos

Una de las personas que conoce a la perfección el cementerio de San José, es Alfonso Cózar, vigilante durante mucho tiempo de la seguridad del cementerio. Según cuenta, una tarde, mientras realizaba una ronda por el cementerio, vio en el pasillo centrar a un joven de aproximadamente unos dieciocho años. Hacía poco que habían cerrado las puertas, y el vigilante creyó que el chico se había quedado encerrado. Así lo alertó diciéndole que tenía que salir, que el cementerio ya estaba cerrado, pero el joven no hizo la menor intención de obedecer, sino todo lo contrario. Con un movimiento de la mano, le hizo al vigilante un ademán para que se acercara y siguió caminando, mientras Alfonso seguía insistiéndole en que tenía que salir mientras lo seguía.
El joven, que iba vestido con una camiseta marinera y un pantalón vaquero, desapareció casi sin que Alfonso se diera cuenta, y comenzó a buscarlo, recorriendo el cementerio hasta que llegó a la parte de los osarios.

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Entonces pudo ver algo lo dejó helado. En una lápida había una foto. Era de un joven de unos dieciocho años, y en la misma se podía apreciar como el chico vestía una camiseta de marinero. Efectivamente era el mismo que desde el pasillo central del cementerio le hico el gesto con la mano para que se acercara.

En posteriores conversaciones que mantuvo Alfonso con el investigador Miguel Ángel Segura, reconocía haber escuchado voces en medio de la noche, había visto sombras y notado, pasos o presencias, incluso en una ocasión la voz que escuchó era la de un familia: una tarde Alfonso no encontraba por ningún sitio unas escaleras de mano que necesitaba, cuando de repente escuchó una voz infantil que parecía decir “primo…tito…”. Alfonso creyó que se estaba volviendo loco. “Tito” era el sobrenombre con el que lo conocían sus familiares “Tito, “primo Tito”… efectivamente en aquél cementerio descansaban los restos de un primo de Alfonso que había fallecido en 1987. Llevado por la curiosidad se dirigió al nicho que ocupaba aquel familiar, y quedó paralizado al comprobar que la escalera que buscaba estaba allí mismo.

Igualmente en otra ocasión y una vez realizadas sus tareas, Alfonso esperó la hora de cerrar el cementerio y se instaló en su garita a ver la televisión. Estaba absorto en la pantalla cuando sitió que le daban dos palmadas en la espalda. Se volvió y comprobó que se encontraba completamente solo. Por momentos pensó que alguien había intentado agredirle, y cuál no sería su asombro cuando algunos de los objetos que se encontraban en la estancia comenzaron a moverse solas.

También en la capilla del cementerio, así como en la lápida de la tumba de una monja allí enterrada se producen fenómenos extraños: velas que se encienden o apagan, crucifijos que cambian de color por momentos…

Igualmente otros empleados del cementerio, que han preferido mantenerse en el anonimato han experimentado estos fenómenos que comenzaron a producirse en el año 2006.

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A pesar de que muchos de los restos mortales que había en el cementerio de San José han sido trasladados a un nuevo emplazamiento, los fenómenos aún se siguen produciendo.

Fuente de Datos:
*Guía mágica de Andalucía Occidental –Editorial Mono Azul
Imágenes:
*Internet

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